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CCR: ¿Se repetirá la historia?

En los próximos días, la Asamblea Legislativa deberá cumplir con su “responsabilidad” de elegir a los titulares de la Corte de Cuentas de la República (CCR).
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Acudir a la palabra utilizada para referirnos a esa misión que le otorga la Constitución al Congreso de la República (art. 131, numeral 19 Cn.) es deliberado. De hecho, responde al imperativo ético y moral de que en esta designación los partidos políticos empiecen a desterrar esa práctica inveterada y odiosa de utilizar las elecciones de segundo grado para mantener bajo su control entidades o instancias públicas con el propósito no disimulado de manipularlas a su conveniencia. Hoy esa responsabilidad se magnifica, porque sin duda en la corrupción generalizada y hasta en la precariedad fiscal, el ente encargado de velar por el buen uso de los recursos públicos ha sido corresponsable.

De ahí que, dentro de la compleja situación que vive el país en todos los órdenes, medio mundo tenga puesta la atención en una designación que compromete tres años; es decir un período crítico para la institucionalidad democrática, porque estarán de por medio de manera sucesiva las elecciones de diputados y concejos municipales, otras de segundo grado –especialmente la de la SC– y la presidencial. Con la crítica situación fiscal, las cuatro designaciones que fueron invalidadas por la SC, sumado al desteñido papel que ha jugado la entidad frente a sonados casos de corrupción, en algunos de los cuales se le atribuye hasta complicidad, no podemos seguir permitiendo actuaciones que ponen en riesgo los intereses nacionales. Con relación a esto, uno puede preguntarse ¿qué papel jugó la entidad en el affaire de El Chaparral, en el caso CEL-ENEL, en el desmadre del sistema previsional y, si pudiéramos ir más lejos, en la privatización de los bancos y los sectores estratégicos?

¿Qué se hacen los impuestos?, se ha preguntado la señora embajadora de Estados Unidos y otros países amigos. Y al referirse a la transparencia, el representante del Reino Unido dijo recientemente que “instituciones como la CCR tienen mucho que hacer”, mensaje que viniendo de un caballero inglés, no tiene nada de subliminal. El fiscal también recientemente y sin tapujos señaló que la CCR “manipula y archiva las auditorías”. En esta misma línea, FUSADES, a través del estudio realizado por el Departamento de Estudios Políticos (El Salvador. Año Político), señala que “la CCR se ha caracterizado por su deficitaria actuación para la conducción de auditorías a las instituciones públicas y se mantiene como la entidad con menores resultados en materia de anticorrupción”. Aunque no se le ha dado la relevancia que merece, el tema de la corrupción fue también abordado en la “Cumbre de Miami”, aseverándose incluso que nuestro país está rezagado frente a los otros miembros del Triángulo del Norte, donde el Ministerio Público es acompañado para estos propósitos por instancias (CICIG y MACCIH) que están combatiendo eficazmente este flagelo.

No deja de ser una ironía, por no decir una desfachatez, el hecho de que entre los postulantes a magistrados de la CCR esté una persona que ya ocupa ese cargo y a quien supuestamente aludía el fiscal. Pero sus colegas también se quieren reelegir, no sé con qué credenciales. No menos notorio es el hecho de que entre los otros aspirantes haya cuatro con juicios en curso. Por eso mucho de lo que aquí se ha abordado tiene que ver con la ética, que involucra tanto a los electores como a los elegidos. Tampoco las cuatro preguntas que intentan escudriñar su idoneidad técnica y profesional ayudan a llevar a la CCR personas capaces y comprometidas. Estas hasta quien escribe puede contestarlas. Ante esta realidad, hemos sugerido en varias ocasiones una reforma constitucional para que su elección sea por mayoría calificada, aunque esto tampoco evita el saqueo de la hacienda pública. Pese a todo, los partidos políticos tienen la última palabra.

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PD. ¿Quién es el funcionario más idóneo para anunciar el cambio de jornada de los empleados públicos?
 

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  • Hector Vidal

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