CONCULTURA, SECULTURA y CONTRACULTURA

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CONCULTURA, SECULTURA y CONTRACULTURA

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Parafraseando a Alfons Martinell, anotemos que en el ámbito de la gestión de políticas culturales nos encontramos ante estos desafíos: la debilidad de un sector cultural con poco peso en el conjunto de las políticas culturales, limitados presupuestos, un campo de profesionalización reciente y con escasa investigación aplicada y en no pocos casos gestiones gubernamentales ineficientes.

Si bien es cierto que hay algunos esporádicos aportes del sector cultura gubernamental, en nuestro medio, la debacle se acentúa en 2009, cuando se decidió eliminar CONCULTURA y comenzar el boceto mal hecho de SECULTURA.

Todo comenzó con aquel entuerto –con música circense bien puesta– cuando se intentó “democratizar” la cultura haciendo un remedo de elección ilegítimo gracias al gobierno de cambio. Luego del lamentable show circularon por el cargo cinco funcionarios en ocho años: Breni Cuenca, Héctor Samour, Magdalena Granadino, Ramón Rivas y Silvia Regalado. Definitivamente añoramos la estatura de la gerencia cultural de Roberto Galicia...

Siguió el triste episodio de la Ley de Cultura, el consultor colombiano y el adefesio aprobado que nadie conoce; luego se erigió y desbarató la Pinacoteca Nacional; desapareció el Festival Internacional de Teatro Infantil (FITI); la eliminación del Festival Internacional de Música Contemporánea; los rocambolescos episodios para definir el Premio Nacional de Cultura; seguimos con varios casos de acoso sexual por parte de funcionarios de la gestión cultural; la destrucción del Mural de Fernando Llort en Catedral; la misteriosa suspensión de la exposición “La Última Cena” con el cierre de la Sala Nacional de Exposiciones; la disminución de fondos para el INART; la creación del ISART pese a la existencia del CENAR y de la Escuela de Artes de la UES; la construcción de monumentos públicos sin licitación y con limitada curaduría artística; el robo de piezas del Museo Nacional de Antropología; el embrollo del Centro Histórico entre SECULTURA y la Alcaldía de San Salvador; el descuido del Zoológico... entre otras cosas, y ¿qué más nos puede pasar...?

En la teoría sociológica y cultural de los años sesenta, setenta y ochenta la izquierda representaba la mejor oportunidad intelectual para desplegar una política cultural de avanzada, sustentada en los movimientos revolucionarios, vanguardistas y de generaciones comprometidas; poetas, escultores, pintores, dramaturgos, escritores, entre otros actores prometían una renovada expresión cultural, estética y discursiva que trascendía las visiones modernistas, clásicas y ortodoxas del capitalismo desarrollista más rancio. Pero ese imaginario cultural no sucedió...

La agenda cultural actual no tiene rumbo y es ineficaz. Hasta el arte en muchas de sus expresiones transita sin sustento teórico –es un hacer, simplemente habilidoso y ocurrente–. Los gestores culturales –como bien dice un amigo– están más preocupados por el vehículo, el chofer y otros privilegios de la burocracia. La cultura y el arte también son un botín de la clase política...

No dejamos de preguntarnos sobre “quien debe ser un buen administrador de la cosa pública cultural”. Es obvio que los artistas si bien tienen la sensibilidad pertinente no poseen las competencias administrativas y gerenciales. Entonces ¿quién? ¿Un artista con sentido común y con cierta capacidad estratégica –si lo hubiera–?; o ¿un administrador público o político con sentido y sensibilidad cultural o artística –también si lo hubiera–? No tenemos la receta, pero lo que sí es importante es evitar la entropía. Existen muchos programas de estudios en gestión cultural para Iberoamérica –por ejemplo el de la OEI–. Esperamos que en el futuro no improvisen más y nombren en los cargos de la administración pública cultural a personas con la formación apropiada y con esta doble capacidad de la sensibilidad artística-cultural y la gerencia eficaz.

Con Roszak, proponemos esta ofensiva contracultural a la ineficiencia dominante, para que al menos pensemos de dónde venimos y para dónde vamos en materia cultural...

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