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COVID 19: amenazas y oportunidades para la educación iberoamericana

La pandemia ha hecho que 177 millones de niños, niñas y jóvenes de nuestros países estén fuera de la escuela, en sus casas.

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Mariano Jabonero - Secretario General de la Organización de los Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI)

Mariano Jabonero - Secretario General de la Organización de los Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI)

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La pandemia del coronavirus ha llegado para cambiar prioridades y producir un impacto sin precedentes sobre nuestras economías, nuestras sociedades y nuestros sistemas educativos. Desde el punto de vista económico, el escenario que se avecina no puede ser peor. Hace apenas unos días que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU (CEPAL) estimaba la caída del PIB de nuestra región en 1.8 %, estimación que acaba de ser corregida por el Banco Mundial, quien informa de un espectacular hundimiento del PIB iberoamericano del 4.6 %. Esta cifra es previsible que se agudice, con caídas importantes de las principales economías de la región, que hoy lidera México con un negativo que ya supera el 6 %, Argentina con una caída del 5.2 %, o Brasil, con cinco puntos en rojo. Solo República Dominicana y Guyana parece que, de momento, se libran de esta hecatombe económica. A este lado del Atlántico la situación no es menos inquietante: los cálculos para Portugal hablan ya de una recesión del 3.7 %, y para España una caída que puede superar el 4.5 %. Aunque al menos se estima que la recuperación en los dos países peninsulares puede ser más rápida que en los de América.

Este escenario macroeconómico tiene sus consecuencias en las políticas sociales, el desarrollo y el bienestar de la comunidad iberoamericana. Las repercusiones son ciertamente graves: pasaremos de 186 millones de pobres a 220 millones, además de otros 91 millones de pobres absolutos; la oferta de empleo se va a reducir de manera drástica, penalizando de manera especial a los jóvenes y a las mujeres, quienes además de desempeñar la mayor parte de las tareas domésticas, están en primera línea en la lucha contra la pandemia, en un 75 %, de la atención a ancianos, dependientes y servicios de salud y, finalmente, los sistemas de protección social van a tener serias dificultades para atender a todos los ciudadanos como merecen.

La pandemia ha hecho que 177 millones de niños, niñas y jóvenes de nuestros países estén fuera de la escuela, en sus casas. Una situación que provoca carencias, empezando por la alimentación que millones de ellos reciben a diario a través de la escuela. Pero no es menos cierto que la crisis ha puesto de manifiesto la capacidad de reacción de los gobiernos, las organizaciones internacionales y los docentes para compensar o, al menos intentar paliar, la carencia de actividad educativa presencial gracias a la conectividad, cuando es posible, con la oferta de contenidos educativos digitales y audiovisuales.

En esa línea, desde la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) también hemos puesto a disposición de los países de la región información actualizada en portugués y español sobre la evolución e impacto de la crisis en la educación, la ciencia y la cultura (https://www.oei.es/impacto-coronavirus-iberoamerica/impacto-covid-19), así como un espacio con contenidos educativos y culturales de acceso libre y gratuito que también da acceso a investigaciones y programas de formación para docentes con el objetivo de capacitarles para la virtualización de actividades de aprendizaje. Todos ellos son insumos procedentes del vasto acervo de la OEI, junto a aquellos aportados por nuestros gobiernos, dando con ello un ejemplo de generosidad y solidaridad.

Además de la rápida capacidad de reacción para poner en marcha todos estos instrumentos, otra fortaleza que ha demostrado la crisis es la capacidad de los sistemas educativos y las escuelas para modificar los plazos y procedimientos de evaluación, siempre tan condicionados por rigideces y formalidades.

Somos conscientes de que la situación creada por la pandemia ha puesto en evidencia la existencia de desigualdades sociales que hacen imposible que millones de estudiantes tengan acceso a la educación digital, porque sus hogares no tienen conectividad a dispositivos de acceso. Según la CEPAL, más del 40 % de los hogares de los países americanos de nuestra comunidad y alrededor del 10 % en los de la península ibérica son hogares sin internet. Tampoco cuentan con otros recursos o estímulos educativos, son hogares en los que viven unos estudiantes a quienes esta forzada escolarización va a producir, como demuestra un reciente estudio publicado por la OEI, efectos negativos sobre sus aprendizajes y sobre sus expectativas profesionales y salariales.

Como exponíamos, el impacto económico del COVID 19 está siendo muy grave, quizás la peor situación conocida en los últimos ochenta años desde el final de la Gran Guerra. Para superarlo es imprescindible contar con la sensibilidad y apoyo de instituciones con capacidad financiera, como son los casos de la UE y del Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras entidades de financiación multilateral, como son el Banco Mundial (BM) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y, por supuesto, la cooperación internacional.

En esta crisis tenemos que luchar en tres frentes: contra el propio virus, contra los efectos de la pandemia en nuestras sociedades y contra la retórica vacía de compromisos, como ocurrió en la crisis de 2008, cuando la cooperación sufrió el mayor recorte presupuestario, mientras en algunos foros se seguía alimentando un discurso tan teórico como estéril.

Tags:

  • covid
  • escuela
  • PIB
  • repercusiones
  • educación
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