Cada aventura tiene un comienzo

El jueves pasado tuve el honor de ser llamado por el presidente Sánchez Cerén.
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Es la llamada que todo embajador espera cuando recién llega a un nuevo país, esto –en lenguaje diplomático– es cuando los embajadores ‘presentan credenciales’ y se convierten en embajadores. Fue una experiencia memorable y ceremoniosa, algo que data de mucho tiempo atrás en la historia. No voy a olvidar el momento de orgullo al escuchar el Himno Nacional Británico en la ceremonia.

La ceremonia es una bienvenida personal del jefe de Estado de un país a un nuevo embajador de otro país y les permite presentar ‘credenciales’. Esto es una carta del jefe de Estado del país del embajador al jefe de Estado del país donde el embajador trabajará. En mi caso, fue una carta de Su Majestad la Reina Isabel al presidente Sánchez Cerén, presentándome como el nuevo embajador británico en El Salvador. Es un honor que atesoraré.

Así que, ya soy oficialmente el embajador británico de Su Majestad en El Salvador. Es un título un poco complicado y me tomará un tiempo acostumbrarme –esta es mi primera misión como embajador. He investigado un poco sobre lo que se espera de mí. Tacto es mencionado repetidas veces en los manuales diplomáticos del pasado. Siempre se ha dicho que un diplomático debe pensar dos veces antes de decir algo. O como Isaac Newton decía, ‘tacto es el arte de hacer tu punto sin hacer un enemigo’. Como alguien que le gusta decir lo que piensa, ¡esto es algo que debo recordar!

Sin embargo, mi cita favorita es una de Winston Churchill quien dijo: ‘La diplomacia es el arte de decirle a las personas que se vayan al infierno de tal manera que te pidan direcciones’. No es que yo tenga el hábito de decirle a las personas semejante cosa (los modales decentes y la cortesía común me previenen de hacerlo), pero probablemente defina –de bonita manera– que lo que hago es sin duda una forma de arte que requiere cierto grado de habilidad. Es algo que he trabajado en perfeccionar mi entera vida diplomática –soy, después de todo, un diplomático de carrera.

Me uní al Servicio Exterior Británico en 1983 (¡parece que fue hace una vida!) y desde entonces he trabajado mi camino a través de mi ‘aprendizaje’ hasta ser otorgado con mi título actual. Aunque por dentro, soy un ser humano normal, uno que quiere hacer su trabajo con lo mejor de sus habilidades. Como solía decir mi abuelo acerca de aquellos que les gustaba considerarse en posiciones superiores, ellos comen pan y toman agua –como el resto de nosotros. En otras palabras, somos humanos (¡de verdad!). Eso significa, por supuesto, que nos gusta también tomarnos un descanso del trabajo, y sé que mi esposa y yo vamos a disfrutar mucho de lo que El Salvador ofrece.

Probablemente los mejores diplomáticos entienden cuando no decir nada. Un exembajador francés en Washington, Herve Alphand, comentó: ‘Un diplomático es una persona que puede decirle la verdad a cualquiera en el gobierno en el cual está acreditado sin ofenderlo, y a cualquiera en su propio gobierno con el riesgo de ofenderlo’.

El canciller británico Palmerston (1846) pensaba que la franqueza era mejor: ‘Le digo a los embajadores la verdad, porque sé que no se lo van a creer’. Espero, por lo tanto, que me crean cuando digo que estoy verdaderamente encantado de estar aquí. Hemos recibido una bienvenida maravillosa y estamos conmovidos por la calidez demostrada. Estoy muy contento de representar al Reino Unido en El Salvador por los siguientes tres años y trabajar muy duro en temas de mutuo interés.

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