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Cada día hay experiencias que nos muestran a las claras que sólo los entendimientos responsables evitan complicaciones innecesarias

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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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El principal cambio es la imposibilidad de dirigir el cambio desde posiciones de poder, como ha sido lo común y lo ya aceptado como normal. Hoy, todos somos gestores del cambio, y eso exige que por distintas vías colaboremos todos en la gestión del cambio.

Lo que tenemos visto de lo ocurrido en el mundo en la contemporaneidad nos pone de manifiesto que si hay algo muy difícil de lograr y de sostener es el imperio de las libertades, que está en la base de todo ejercicio democrático real y de toda paz verdadera. Y por consecuencia lo que ha sido endémico es la conflictividad permanente, que desde luego se expresa con los más diversos matices según las circunstancias de la época y del momento. Ejemplo vivo de ello, en el mundo global actual, es la pugna competitiva entre Estados Unidos y China, que son hoy las dos potencias mayores en disputa en el escenario y por el escenario; pero dicha disputa ya no es de raíz militar, como la que se daba en los tiempos de la bipolaridad, sino predominantemente económica.

Nuestro país también vive en carne propia, y con expresiones que se van encadenando de manera constante, la crisis de la conflictividad invasora, que se escenifica principalmente en el área política. La falta de respeto activo a la lógica democrática hace que los actores políticos vivan enfrentados obsesivamente, como si en eso tuvieran cifrada su animación competitiva y su fortaleza confiable. En realidad, es todo lo contrario, porque los que chocan no son los verdaderamente fuertes, sino que lo son los que logran entenderse en forma interactiva, sin que haya vencedores ni vencidos al estilo militar.

Las condiciones de la realidad nos tienen a todos en ascuas; pero esto hay que verlo y analizarlo con ánimo constructivo, porque estamos en tiempos de cambio generalizado, como nunca antes en esta contemporaneidad expansiva. El principal cambio es la imposibilidad de dirigir el cambio desde posiciones de poder, como ha sido lo común y lo ya aceptado como normal. Hoy, todos somos gestores del cambio, y eso exige que por distintas vías colaboremos todos en la gestión del cambio. Los superpoderes de cualquier tipo ya no existen como antes, y ojalá lo entiendan.

Que nadie quiera juzgar lo que ocurre siguiendo las pautas de lo que antes se hacía. El pasado es más pasado que nunca. El presente es más presente que nunca. Y el futuro será más futuro que nunca. ¿Juego de palabras? No: juego de símbolos animados. Al fin de cuentas, estamos en una fase histórica en que los juegos virtuales van dominándolo todo. Y la política también está corriendo esa suerte.

En el pasado bastaba que los poderosos se entendieran para que todo pareciera estar resuelto; pero en nuestros días el poder se vuelve multipolar de modo incontenible, y no hay otra ruta de avance disponible. La interacción es la llave maestra de las realidades en las que estamos inmersos como moradores de un mapamundi que se hace presente hasta en las más remotas aldeas.

Los seres humanos estamos diseñados para vivir en convivencia, y a esto ni Robinson Crusoe escapa. La convivencia es una forma de voluntad compartida, sea conscientemente o no. Entenderse es, pues, un seguro de estabilidad de nuestra naturaleza.

Agradezcámosle a la evolución que nos vaya abriendo espacios para practicar lo que somos, con miras a lo que queremos ser. Ahora eso se vuelve más factible.

Vamos hacia adelante, y ojalá sea con los ojos cada día más abiertos.

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