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Cada quien a lo suyo

El 16 de enero es una fecha memorable. Y es memorable porque los grupos en conflicto asumieron con sentido común el proceso de negociación. Los ciudadanos, todos, fuimos espectadores.
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Somos expertos en perder oportunidades. Tenemos fechas y personajes civiles importantes para conocer y celebrar; para inspirar lazos de unión y construir visiones compartidas sobre nuestro destino. Pero las desperdiciamos. Ventajosamente no hemos dejado de celebrar las fiestas patronales porque prácticamente a esto se reduce nuestro sentimiento de identidad. Los 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz se anuncian con retraso, a puertas cerradas y pasarán casi inadvertidos.

Somos especialistas en identificar los problemas y las debilidades. Nuestro sistema educativo y cultural nos ha convertido en ciudadanos que buscan, una y otra vez, y con mucho y perseverante empeño, identificar lo que no se tiene, lo que falta, lo que está mal y lo que disgusta. Poco tiempo ocupamos en reconocer lo que se tiene. Poca energía aprovechamos para utilizar inteligentemente lo que se tiene. Y con esta actitud y conducta internalizadas, aprovechamos cualquier micrófono para contagiar a propios y ajenos. El diálogo interpartidario es, una y otra vez, ejemplo de esto.

El 16 de enero es una fecha memorable. Y es memorable porque los grupos en conflicto asumieron con sentido común el proceso de negociación. Los ciudadanos, todos, fuimos espectadores. Las mayorías estuvimos sentados frente al televisor. Administramos cuidadosamente nuestra expectativa y esperamos con cautela, pero con esperanza, que se firmara. La firma llegó y cada quien volvió a lo suyo.

Cada quien volvió a lo suyo de inmediato. Los productores y empresarios a lo suyo. Los estrategas de país a diseño de programas de reinserción. El sector privado organizado a las mesas de concertación social. Los servidores públicos a lo suyo para honrar los compromisos. Los cooperantes a gestionar millones y millones para colaborar con la restauración del país. Los militares a sus cuarteles. Los militantes a la reinserción. Los medios de comunicación a informar. Así continúa la lista.

En 25 años el país ha cambiado. En 25 años la sociedad ha evolucionado. En 25 años la administración pública ha cambiado. En 25 años la empresa privada ha cambiado. En 25 años la educación ha cambiado. En 25 años el ejército ha cambiado. Y ¿quién inspira los cambios? ¿Quién promueve los cambios? ¿Quién asegura los cambios? Desde mi perspectiva, cada quien haciendo lo que le corresponde en su momento, con capacidad y con responsabilidad.

Pero no todos queremos asumir la responsabilidad de lo que corresponde. Y no se quiere asumir porque la responsabilidad individual de hacer lo que corresponde tiene costos personales en tiempo, en recursos y en energía. Es más fácil pedir. Es más fácil demandar. Es más fácil exigir. Es más fácil presionar que liderar. Y peor, es más fácil regalar para que temporalmente la gente se quede callada.

En 25 años no hemos hecho lo suficiente para aprovechar y potenciar la cultura salvadoreña, cultura que se caracteriza por el ingenio y el emprendimiento. No hemos hecho lo suficiente para aprovechar el talento nacional para producir competitivamente. La ocupación de los liderazgos partidarios se ha orientado a distribuir hasta lo que no se tiene. Y así es imposible crecer. La ocupación de los liderazgos partidarios se ha quedado anclada en el pasado. ¡Se quedaron anclados en el pasado de conflicto!

A 25 años, el conflicto armado se ha transformado en conflicto verbal. La alexia se ha convertido en enfermedad política crónica. Los liderazgos de antaño y los emergentes demuestran, diaria y permanentemente, su incapacidad de leer e interpretar los sentimientos, las necesidades y las expectativas ciudadanas. Los liderazgos de antaño y emergentes demuestran incapacidad de leer la realidad. Leen lo que les conviene para afectar al otro de inmediato. Así han venido. De coyuntura en coyuntura, sin asumir responsablemente una visión y estrategia de desarrollo.

Hemos avanzado en 25 años, independientemente y a pesar de esos liderazgos. Pero hemos desperdiciado muchas oportunidades y recursos. En 2042 se conmemorarán 50 años de la suscripción del Acuerdo de Paz. Tenemos 25 años más para trabajar inspirados en los Acuerdos que pusieron fin al conflicto de un grupo con el Estado. Y se necesitan 25 años y más para sentar base para el desarrollo. De nosotros depende no olvidarlo. Y para no olvidarlo, cada quien debe hacer lo suyo.

Las mesas de diálogo interpartidaria fracasaron. Pónganse de acuerdo en la Asamblea Legislativa. Para eso se les eligió. Para eso se les paga.

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