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Cada vez más divididos

A 26 años del Acuerdo de Paz (1992-2018), la sociedad salvadoreña está inmersa en un proceso de descomposición. Miles de niños crecen en la calle, sin afecto familiar ni protección social.
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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Simultáneamente, los negocios ilícitos se expanden aceleradamente y el crimen organizado está penetrando diferentes esferas estatales, empresariales y comunitarias. Esta espiral delincuencial tiene en jaque a numerosas municipalidades y al gobierno nacional.

El avance de los grupos criminales es geométrico. Inexplicablemente, el poder económico y político subestima las implicaciones de la pérdida del control territorial y de la tirria existente entre miles de jóvenes. Esta hostilidad supera a la violencia política del siglo XX (lucha de clases). En este difícil ambiente y haciendo una lectura de la realidad nacional, se identifican cinco fracturas estructurales que nutren la violencia delincuencial del siglo XXI (uso de la fuerza como modus vivendi).

Fractura 1. Desintegración social. La paternidad irresponsable, el deterioro de la escuela pública, los deficientes servicios y espacios públicos y la masiva migración han generado varios efectos negativos: (a) quebranto de la familia como institución básica, (b) pérdida del sentido de pertenencia, y (c) resentimiento (odio) de miles de jóvenes que son excluidos y abandonados.

Fractura 2. Niños sin acceso a una educación de calidad. Numerosos adolescentes abandonan la escuela antes de terminarla y miles carecen de los conocimientos y habilidades para entrar a un centro de educación superior. En este contexto y dadas las presiones que ejerce el crimen para que se ganen la vida fácilmente, innumerables jóvenes delinquen como modus vivendi.

Fractura 3. Brecha entre gobernados y gobernantes. Cada día hay más ciudadanos que están hartos de la demagogia y corrupción. Lo paradójico es que este malestar hace que incontables electores se alejen de las urnas y posibilita que el “voto duro” decida el resultado electoral. Es decir, la politicofobia contribuye a que los gobernantes le den la espalda a los gobernados.

Fractura 4. Compatriotas sin acceso al mercado laboral. La falta de oportunidades laborales es un factor de desigualdad, particularmente para las mujeres. Esto es crítico porque 55 mil personas entran al mercado laboral cada año y menos del 15 % logra un trabajo decente. Crece, entonces, la economía informal y criminal, y se nutre la espiral delincuencial.

Fractura 5. Diferencia entre el AMSS y el resto del país. San Salvador y La Libertad concentran el poder político y económico. Varias cabeceras departamentales y municipales se han convertido en “dormitorios”. Faltan oportunidades laborales, no hay polos de desarrollo ni iniciativas que propicien el encadenamiento productivo entre unidades económicas locales.

Conclusión: la sociedad salvadoreña se está desintegrando y desangrando indeteniblemente. Mientras eso sucede, el poder político hace girar la vida nacional alrededor del calendario electoral y numerosos coterráneos preparan sus maletas para emigrar (a pesar de las medidas antiinmigrantes). Consiguientemente, ha llegado la hora de ver hacia adentro, aplicar la ley y trabajar en pro de la igualdad de oportunidades (sin odio ni resentimiento). El reto es movilizar al país a favor de la cohesión social a través del desarrollo local (mejorar la calidad de vida de la población en sus lugares de origen).

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