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Cada vez se vuelve más imprevisible el futuro en clave global a la luz de todas las incertidumbres que proliferan

La lógica de la realidad es evolutiva por naturaleza, y asumirla como tal es lo que lleva a logros tangibles y evita descalabros inmanejables.
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Cada vez se vuelve más imprevisible el futuro en clave global a la luz de todas las incertidumbres que proliferan

Cada vez se vuelve más imprevisible el futuro en clave global a la luz de todas las incertidumbres que proliferan

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Tendría que haber sido previsible, a la luz de los acontecimientos que fue produciendo la dinámica globalizadora desde el inicio de esta nueva era histórica, que vendrían tiempos de mutación generalizada. Pero, como siempre ocurre, los seres humanos, independientemente del desarrollo de sus respectivas sociedades, nunca se ocupan de prever lo que vendrá, porque las ataduras con el pasado persisten en hacerse valer por encima de cualquier pronóstico analítico. Y ahora, cuando ya llevamos casi 30 años de dinamismo globalizador, los efectos se están haciendo sentir en el terreno de los hechos también desde luego con impactos globales. Subrayamos tal estado de cosas para que los sucesos actuales puedan ser interpretados con todos los elementos de juicio que sean pertinentes.

Lo primero que habría que considerar es el estado actual de las antiguas grandes potencias, que evidentemente se hallan en fase transicional, más en las intenciones que en los hechos. Es curiosa esta coincidencia en los impulsos aunque no en el contenido de los propósitos. Hay que tomar en cuenta que, durante el imperio de la bipolaridad, Estados Unidos se centraba en la cosmoeconomía y la Unión Soviética se centraba en la cosmopolítica; y el sueño a la vez compartido y excluyente era el control total de la realidad por distintas vías. Aquello se desarmó cuando la bipolaridad cayó por su peso. La multipolaridad hizo su entrada en escena, pero en forma confusa. ¿Multipoderes? Sí, ¿pero cuáles? Era como si el efecto pudiera cambiar al vaivén de las circunstancias. De la polarización pétrea a la volatilidad constante.

En los tiempos más recientes, las aspiraciones de recuperar antiguos esquemas hegemónicos ha tomado ímpetu, como en un ejercicio de aspiraciones obsesivas. Es la globalización viéndose desde la vieja azotea en un espejo deformante. Y para que la escena pueda ser de veras identificable hay una personificación con nombre y apellido: Putin y Trump. El ansia de la expansión y el anhelo de la concentración. Putin quisiera recuperar la influencia del ideologismo soviético y Trump quisiera rehabilitar el poderío centralizador del capitalismo de posguerra. ¿Qué podrá salir de todos estos intentos de reorientar la historia al gusto? Aunque no se puede dar ninguna respuesta segura al respecto, seguimos confiando en la fuerza de la racionalidad histórica y haciendo votos para que los personajes aludidos puedan reordenar sus líneas de acción conforme a las verdaderas posibilidades que tienen a la mano. La lógica de la realidad es evolutiva por naturaleza, y asumirla como tal es lo que lleva a logros tangibles y evita descalabros inmanejables. Ojalá que en los hechos concretos nadie pretenda transgredir dicha lógica. Confiemos en que eso llegue a ser así porque, particularizadamente hablando, ni Estados Unidos ni Rusia merecen recaer en distorsiones desfasadas.

La imprevisibilidad del futuro está sin embargo acechando en cada esquina y a cada paso. Y, como decimos en el título, este es un fenómeno global, y por consiguiente se da en todos los niveles, desde el más amplio hasta el más reducido; y por eso podemos hablar de tales realidades en un pequeño espacio como el nuestro, el de El Salvador, esta parcela que necesitó una guerra emblemática para ser visible al final de la bipolaridad y que hoy tiene sitio propio, como todos, en el mapamundi de la mundialización. Nuestro país vive también un prolongado período de incertidumbres, porque los salvadoreños hemos tardado más de la cuenta en asimilar responsablemente los requerimientos básicos de la democratización en proceso, que incluyen interacción efectiva y creatividad que trascienda las tradicionales fronteras ideológicas.

Puestos en todos los escenarios posibles, tanto nacionales como internacionales, lo que en primer término hay que desplegar es una visión desapasionada y realista. El realismo es, en las presentes circunstancias, un imperativo para todos, desde los más grandes hasta los más pequeños. Y desde luego los más poderosos e influyentes son los que tanto interna como externamente están obligados de entrada a dar el ejemplo de la racionalidad operante. Si eso no se da, las respectivas sociedades irán pagando, más temprano que tarde, las facturas del mal proceder. Y de esto nadie puede escapar, porque es una regla inherente al funcionamiento de las conductas, donde quiera que éstas se produzcan. Estemos atentos al desenvolvimiento de los hechos, aquí y en todos los entornos, para saber a qué atenernos en cada coyuntura que venga.

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