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¡Cállense, cállense, cállense que me desesperan!

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Carlos Alfaro Rivas - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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El silencio no reina en ciudades arriba de 2 millones. Sobre todo si su crecimiento ha sido poco planificado, y a sus habitantes les vale sorbete la paz del prójimo. Bienvenido a San Salvador.

En nuestra capital, salvo en desarrollos para los rich & famous, dejaron de existir zonas residenciales, como en su momento fueron la Flor Blanca, la Miramonte y la San Benito.

Yo no soy rich & famous, pero sí tuve la fortuna de crecer en el bulevar del Hipódromo, en tiempos que aquello era más una finca que una colonia: casas separadas por 5 lotes, reino de pericos y tacuacines, El Espino en su máximo esplendor, ¡si hasta andábamos en el caballo del vecino!

Ahora trabazón constante; oficinas, restaurantes y apartamentos multiplicándose tal si fuesen cuyos; mega obras, en pleno desarrollo (como Insignia, los Bambús y Presidente); exitosos "strip malls" (como las Azaleas, los Olivos y la Capilla); hoteles, museos, teatro, bares, discotecas, comida rápida, un mega Vidri, como si estuvieras en los Yunai.

La diferencia es que en los Yunai, todo este desarrollo sucede fuera, no dentro de las zonas residenciales, pero el crecimiento de Sivar, entre Santa Tecla y Soyapango, y Apopa y Zaragoza, ha sido poco planificado, y a sus habitantes les vale sorbete la paz del prójimo. Salú pericos, tacuacines y Coyote (así se llamaba el caballo). Bienvenido ruido eterno.

Otra diferencia es que en los Yunai se regula el ruido; en Sivar, entiendo que hay ley que supone regularlo, pero sus habitantes nos la pasamos por un lugar muy oscuro.

Ando con unas grandes ojeras, pues anoche no pegué las pepas teniendo cama, culpa de la insoportable chillazón de una alarma en un negocio vecino. ¿Y qué me dicen de la chillazón, e unísono, de varias alarmas de carro? Uuuiii, uiiiiiii, uiiiiiii, ta, ta, ta. ¡La vieja!

También nos roba la paz el pick up comprador de chatarra, el del vendedor de verduras, el pito del panadero, desayuno, almuerzo y cena.

Me acompaña en mi desayuno una señora, compradora de papel de diario, con un galillo más intenso que el de la Celia Cruz, con la diferencia que la de aquí grita ¡Papeelllll!, y la cubana ¡Azzúucarr!

Contamina oídos, además de pulmones, la Coaster que, al pie de mi ventana, pega un acelerón de Jabalí. Y para acabar de amolar, pasa encima de una tapa de tragante que se queja Plocoppp, Plocoppp, llanta delantera y llanta trasera.

Tienen chuchos no por amor sino para que los cuiden. Si no, no los dejaran ladrar y chillar de frío, al aire libre, todas las noches. Vecinos crueles.

Mientras tanto, mi vecino parrandero, con frecuencia me pone a Carlos Vives en la pared de mi cuarto. "Déjame robarte un beso que me llegue hasta el allllmaaa". Estuvo buenísimo el Golden Fest.

¡Cállense, cállense, cállense que me desesperan! suplica la lorita Pepita, con acento del Chavo del 8.

Señor Muyshondt, la lorita tiene razón, le pedimos que en su gestión, controle los decibeles de maldición.

Si bien, a diferencia de otras contaminaciones, el ruido maldito es pasajero, también causa estragos en nuestra salud auditiva, física y, sobre todo, mental.

Si siente que se le está aflojando un tornillo, le sugiero remojar tapones de oído en gotas Tropex; su consistencia aceitosa le asegura penetración hasta el tímpano, efectivo escudo contra los decibeles que nos desesperan.

Con tapones podrá dormirse antes que la mayoría y, así, aprovechar la terapia reparadora de la madrugada; con su aroma, el despertar de las aves, el canvas del amanecer de verano... "y el pito del panadero". No me gustan esas bromas, lora feya.

Antes que pite el panadero, es momento mágico para inhalar, exhalar, el cuerpo estirar y así despertar. También para pedalear, o si lo prefiere, correr o nadar. Excelentes formas de las pilas cargar, y así estar mejor preparados para la jungla urbana enfrentar.

Una jungla que nos está robando nuestra calidad de vida. O nos ponemos las pilas planificando su desarrollo, y aprendemos a respetar la paz del prójimo, o los cables se nos terminan de chollar.

No hay mal que por bien no venga, dice el psicólogo; repite el otorrinolaringólogo.

Tags:

  • silencio
  • desarrollo
  • ruido

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