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Cambiar el rumbo es posible

A treinta y tres años del renacimiento democrático y veinticinco de una fugaz caricia a la paz, vivimos las más vergonzosas experiencias políticas de los últimos tiempos, bastaron unos años para que la ilusión de la democracia se desvaneciera tras una niebla de oscuros intereses, se desplazó la esencia de las ideologías, se perdió la honorabilidad del político y el interés por la voluntad popular. Se invadió el ideario colectivo con falacias populistas, fantasías de igualdad, se profundizaron las diferencias sociales alejando las posibilidades a la reconciliación. Equivocamos el camino hacia el reencuentro con la paz y la democracia.
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Con esto no quiero desacreditar el fin de la guerra, pero es un hecho que las cosas no se han manejado con mucha responsabilidad...

Todo inició con un grupo de “consultores”, subrayando sobre un menú lo que su paladar ideológico así les indicó, con una clara concepción del contexto de nuestro conflicto y las ventajas que requería el desarrollo del nuevo enfoque socialista, los acuerdos de paz escondieron muchas de las peores verdades del conflicto. Se facilitó a sus protagonistas ingresar al juego político con el manto de paladines históricos de haber hecho una guerra, “por amor a los pobres”. Desde ese momento, las cosas iniciaban mal.

Sumado a esto, desde el final del conflicto armado, no hemos visto el surgimiento de nuevos caudillos; este vacío de líderes frescos, útil para la izquierda, llevó a la sociedad civil a refugiarse en promesas de liderazgos colectivos, ubicándose de inmediato con partidos políticos antes que reconocer su verdadera identidad ideológica.

El plano geométrico de las ideologías es muy amplio, el instinto democrático nos agrupa por cercanías, y se desarrolla luego de tener claridad y responsabilizarse de la individualidad. Es muy probable que cambiando el orden igualmente lleguemos al mismo cascarón, con los mismos colores, pero los partidos políticos democráticos obtendrían mayor credibilidad, fidelidad y oportunidades, si el orden de los factores fuera el correcto.

La naturaleza política existe en cada individuo, la tarea de los líderes es despertarla y educarla, y es que antes de ser miembro o simplemente simpatizar con un partido político, debe haber una ubicación clara dentro del plano geométrico de las ideologías, esa claridad convierte las dudas de nuestras diferencias en un verdadero tesoro, posibilidad nula dentro de un esquema totalitario.

Los líderes políticos que creen en la democracia representativa deben aceptar que la falta de formación política en la población permitió que nuestra oportunidad de paz se extraviara y convirtiera en una multiguerra. Aquí, peleamos a diario contra la delincuencia, el desempleo, la ignorancia, la corrupción, la mentira...

A diferencia de muchos analistas políticos, creo que nuestro país sí lleva un rumbo definido, vamos hacia una sociedad conformista, sometida y sin aspiraciones, dependiente de programas sociales engañosos y una clase política autoritaria, falsa y egoísta... ¡Vamos hacia abajo!

Pero la oportunidad de unificarnos aún es posible, lo lograríamos mediante un concepto que nos ampare a todos, con un guion compuesto de verdades, que instruya, que oriente, que ayude a recuperar al entusiasmo del progreso y comprender que bajo tantas luchas, permaneceremos siempre dispersos.

Cambiar el rumbo es posible, necesitamos un liderazgo fuerte, sensato, que dedique esfuerzos especiales a la creación y mantenimiento de un concepto político claro, atractivo y ordenado, que nos genere la necesidad de dar más que un paso, sino a caminar juntos.
 

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