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Cambio cosmético o real

Tradicionalmente, el poder político y económico les han prestado poca atención a las demandas ciudadanas. Partiendo de esa forma de ejercer el poder, los resultados de las elecciones de 2018 pudieran interpretarse como una reacción de los gobernados ante la obsolescencia del modelo centralista.
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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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¿Por qué? Debido a que numerosos electores desaprueban que se siga gobernando a través de maniobras mediáticas y programas asistencialistas. Esta figuración es válida para derechas e izquierdas. Prueba de ello es que ambas corrientes (neoliberales y neoestatistas) han gobernado El Salvador en las últimas décadas vía la concentración del poder público en pocas manos y la exclusión de los ciudadanos de la toma de decisiones.

El centralismo tiende a generar burocracia, corrupción y mediocridad. De ahí la creciente brecha entre gobernantes y gobernados. Esta situación política –en una sociedad llena de odio, violenta y desintegrada– crea las condiciones para el surgimiento de demagogos (mentirosos) y populistas (usurpadores del poder público). Esto indica que el país corre el riesgo de seguir dando vueltas en círculo.

En este contexto, los aspirantes presidenciales de 2019 tendrán que optar (1) entre abordar las causas determinantes de la violencia delincuencial o proceder a la militarización de comunidades de alto riesgo; y (2) entre enfrentar las causas determinantes de la emigración u oponerse frontalmente a las medidas antiinmigrantes de EUA. En pocas palabras, El Salvador demanda un cambio real. Lo retador es que ese cambio no puede venir de las cúpulas partidarias. El cambio será real en la medida que (1) los jóvenes entiendan que hay que esforzarse al máximo para progresar, y (2) la clase media y los ciudadanos mayores de 40 años levanten la voz constructivamente y apoyen el desmontaje del centralismo.

Ante esta situación y dado el peligro que demagogos y populistas aviven un cambio cosmético en las elecciones presidenciales de 2019, aquí se mencionan tres obstáculos y oportunidades que se deberían tener en cuenta para que la apertura interna (desarrollo local) contribuya a la remoción del centralismo.

Obstáculo 1. Los defensores del statu quo (dirigentes partidarios dogmáticos, funcionarios públicos tradicionales y beneficiarios del asistencialismo y nepotismo).

Obstáculo 2. La corrupción y la penetración del crimen organizado en diferentes esferas del Estado.

Obstáculo 3. La baja inversión pública y privada en los catorce departamentos del país.

Oportunidad 1. La crisis de credibilidad por la que atraviesan los partidos políticos.

Oportunidad 2. La urgencia que tienen los gobernantes de acercarse a los gobernados.

Oportunidad 3. La conveniencia de recuperar el control territorial por una vía democrática.

Conclusión: El Salvador saldrá adelante en la medida que los jóvenes se esfuercen al máximo, la clase media levante su voz constructivamente y los ciudadanos mayores de 40 años exijan la rendición de cuentas. Esta es la energía social que se necesita para que los gobernantes tengan la voluntad y el coraje requeridos para hacer un cambio real (abandonar el centralismo e impulsar la localización). ¿Cómo? Implementando una estrategia que promueva la cohesión social a través del desarrollo local. ¿Cuál sería el propósito de esa estrategia? Mejorar la calidad de vida de la población en sus lugares de origen.

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