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Cambio de época

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La vida tanto personal como colectiva es siempre un dinamismo en acción, que no se detiene ni un solo instante. En épocas anteriores esto no mostraba el dramatismo actual, porque las condiciones de la realidad estaban mucho menos expuestas al escrutinio generalizado, que es hoy tan característico de los tiempos que corren. Aunque el cambio es ley de vida, hoy tal concepto adquiere connotaciones más significativas: lo que realmente está cambiando es la forma en que nos hallamos presentes en el mundo, pues hay una especie de nacionalidad global que traspasa las viejas fronteras y circula con libertad inusual por todas las rutas del mapamundi. Las cuadriculaciones tradicionales están dejando de tener sentido en forma tan acelerada que produce vértigos de muy difícil control. ¿Y cuál es el efecto específicamente humano de esta dinamización de nuevo estilo en la que nos sentimos a la vez atrapados y liberados? Ese efecto podría ser resumido en una frase: reciclaje de la energía interior. Porque precisamente nos encontramos autorreconociéndonos como sujetos evolutivos, en una dimensión y con una velocidad que no hubieran sido imaginables hasta hace poco. Quizás, para hacer un juego de palabras muy real, este es el entrañable y a la vez pavoroso reencuentro con lo desconocido de nuestra propia identidad. Lo que la nueva época nos trae como presente prioritario es la reapertura de lo que somos por dentro. Ya no es la conquista del espacio exterior, como se planteaba en el pasado siglo, sino la reconquista del espacio interior, como aventura abierta al futuro.

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