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Cambio de época: todos ganamos

Actualmente la reputación se ha convertido en una de las mayores recompensas que pueden obtener las empresas (y los países) por hacer lo correcto, uno de los recursos más vulnerables y difíciles de proteger, especialmente en la era de la participación global de las personas a través de las redes sociales para influir decididamente en las agendas de los estados y gobiernos.
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Nunca como antes se ha puesto a prueba tanto a los medios de comunicación tradicionales, como a los partidos políticos y a las formas antiguas de gobierno de las democracias liberales occidentales; a raíz de la fuerza que tienen en las redes sociales los jóvenes de la generación “Y”. Un ejemplo de esto lo vimos en la Primavera Árabe y en México. Ya nunca más se podrán dar noticias sin fundamento o esconder acciones deshonestas para desviar la opinión pública porque allí está la ciudadanía empoderada para dar a conocer los datos e información real y verdadera a través de las redes. La actualidad presenta una gran oportunidad a los medios tradicionales escritos, radio y TV para servir de referente donde se presenta la información veraz y confiable.

Es de todos conocido que construir una buena reputación toma muchos años de trabajo y esfuerzo, pues se forma con lentitud en la mente de los grupos de interés. “No se puede comprar ni copiar, y resulta más difícil mantenerla que crearla. Dañarla no cuesta nada. Reconstruirla, en cambio, suele demandar un esfuerzo titánico y muy costoso. Es por la buena reputación de ciertos lugares y compañías, que elegimos sus productos y marcas en perjuicio de otros menos prestigiosos... Como todos los activos intangibles, el capital reputacional es frágil, y debe ser manejado con el mismo cuidado con que se tratan los activos físicos y financieros. De hecho, su correcta administración se ha convertido en uno de los mayores desafíos estratégicos de políticos y hombres de negocios en entornos cada más competitivos...” (Ricardo Leiva, economista).

Durante el evento organizado por FUSADES en días pasados en ocasión del III Foro Internacional de Análisis Político, uno de los expositores comentaba que no estamos en una época de cambios sino en un cambio de época. Y para poder navegar el nuevo entorno mundial, me parece, será necesario contar con una reputación que nos permita ser dignos de la confianza de clientes, usuarios, pacientes, ciudadanos y votantes. Si no, las redes sociales se encargarán de dar a conocer se tenemos transparencia o no en nuestras actuaciones y en la información que brindemos a la población.

Los comentarios vertidos en el evento organizado por FUSADES dejaron al descubierto el reto que tienen las democracias de la región ante la exposición a las exigencias de credibilidad de parte de la ciudadanía. Sin embargo, este ambiente de grandes expectativas es el marco ideal para que se realice la XIII edición del Encuentro Nacional de la Empresa Privada (ENADE 2013) bajo el lema: “Mejorar empresas para transformar vidas”, porque será interesante que la población conozca y discuta el papel actual del empresariado salvadoreño y su gran aporte al desarrollo sostenible. No hay que olvidar que el 92 % del Producto Interno Bruto del país es generado gracias a la relación de dinamismo entre empresas y ciudadanos.

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