Cambio de protagonistas y agentes de cambio

He venido insistiendo en este tema plenamente convencido de que una factible salida (quizá la única) a la crisis acumulada y diversificada por décadas y gobiernos de todos los colores que aqueja a este país es la concreción de un acuerdo nacional amplio que supere los acuerdos de paz, con un paso inicial de pacto fiscal, fundamental y crucial para salir de ese estructural subdesarrollo que padece este país y para rebasar de una vez por todas su potencial crecimiento que gira alrededor de 2 %. Esa demostración de un mínimo de armonía y voluntad política es lo que necesita un país extremadamente dependiente para recuperar la categoría de credibilidad y sujeto de crédito que confieren las calificadoras de riesgo a nivel internacional.
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Las elecciones son opciones vitales de corto plazo, que todos los países tienen para un cambio generacional. Un borrón y cuenta nueva es el caso aplicable a El Salvador, de orden ineludible y absolutamente necesario, para empezar con carácter de urgencia una diferente visión país; con una mentalidad renovada y seguramente con una juventud involucrada y más interesada, puesto que parte de su porvenir puede ser todavía alterado positivamente para su propio beneficio y sobrevivencia.

Este es un tema que nunca podrá considerarse trillado, mientras no se haga absolutamente nada, “sencillamente nada”, porque haya una efectiva participación ciudadana, se revierta la connotación de Estado fallido como consecuencia de acciones concretas que reinstauren la seguridad ciudadana, y se inicie un plan extensivo e intensivo de educación que se constituye en el pilar fundamental para aspirar a un crecimiento y desarrollo sostenido, como lo exhiben muchos países del orbe.

Una participación ciudadana intensa y extensa que se manifieste en pro o en contra de las circunstancias prevalecientes, del país que quieren y del perfil (edad, preparación y aptitud) de su futuro candidato. Pero que lo hagan de una manera pacífica y trasparente y no con protestas aisladas. Las redes sociales es un medio, las manifestaciones abiertas de conducta multitudinaria es otra forma aplicable en todas partes del mundo. En dichos lugares se manifiesten abierta y transparentemente y no en murmullos de tertulia casera reiterada y de té y coctel. ¿Y para qué?, dirán los tradicionalmente negativos, si la calidad de vida promedio del ciudadano salvadoreño seguirá igual de mal, puesto que así lo han decidido los guanacos y los políticos

Hay que superar el multiplicador del rumor y el pesimismo a ultranza como idiosincrasia y manifestarse abiertamente como se ha hecho en países subdesarrollados, hoy en día muy pujantes. Sin temor a equivocarme la educación hace la diferencia entre países cultos y avanzados y países condenados al subdesarrollo. La historia no registra ejemplos de una comunidad que haya podido superarse sin que previamente haya alcanzado niveles altos de educación generalizada.

Sus líderes o políticos eficaces en el ejercicio del poder, que no le temieron a un votante culto, han sido los que han priorizado la educación, plenamente conscientes de que es la única forma de poder asimilar y propagar al mismo tiempo niveles de tecnología como lo exige un mundo cada vez más avanzado. Los países secularmente atrasados deberán a través de los nuevos y jóvenes líderes tomar la decisión “hoy”, para poder aspirar en un par de décadas a que existan diferentes protagonistas en el quehacer político, nuevos agentes de cambio y un pueblo culturalmente transformado: receptivo al trabajo, menos ganguero, más productivo y tecnológicamente preparado. No es mucho pedir, es lo mínimo que se le requiere a una sociedad que desea subsistir.
 

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