Cambio de ruta

La hipótesis es que al país le conviene cambiar de ruta. ¿Por qué? Debido a que la calidad de vida de los salvadoreños continúa disminuyendo.
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Hay dos factores que ayudan a explicar esta tendencia: (1) la combinación de polarización y cortoplacismo ha creado una permanente confrontación e improvisación en la gestión pública, y (2) la indiferencia ciudadana está dejando la conducción del país únicamente en manos de políticos y empresarios. Es hora, entonces, de que los ciudadanos participen en la construcción de su destino. A continuación se presentan ocho preguntas clave para dicho propósito.

¿Qué rutas se visualizan en un escenario dominado por dirigentes políticos y empresariales? Entre las vías que se destacan están las siguientes: (1) seguir el actual rumbo, el cual pareciera conducir a la anarquía y luego al autoritarismo, (2) activar la participación ciudadana para balancear el peso del Estado, el mercado y la sociedad, y (3) descentralizar la gestión de servicios básicos y dinamizar las economías locales.

¿Cuáles de estas opciones son viables? Las tres son factibles. La primera tiene una probabilidad alta y amenaza al sistema democrático de libertades. La segunda tiene una probabilidad baja, pero es el principio de la solución. La tercera tiene una probabilidad baja porque la decisión depende de quienes se benefician del centralismo y el statu quo.

¿Qué actores son determinantes para cambiar de ruta? (1) Los conciudadanos mayores de 25 años de edad y las madres cabeza de familia, (2) los jóvenes de la llamada “clase media”, y (3) los líderes sociales, religiosos y académicos de los catorce departamentos del país.

¿Cómo hacer para que los tomadores de decisión escuchen a la sociedad? Lo primero es entender que los gobernantes no apoyan espontáneamente a los gobernados. Consecuentemente, la participación, organización y acción ciudadana es esencial para (i) precisar los temas de país, (2) generar una “masa crítica” en los catorce departamentos hacia un objetivo común, y (3) revertir la estrategia política-partidaria de hacer girar la agenda nacional alrededor del calendario electoral.

¿Cómo iniciar el cambio de ruta? Alcanzando un acuerdo nacional de asignar el 6 % del PIB a educación, para mejorar la calidad de la educación en todos los niveles y los catorce departamentos (hoy es aproximadamente 3.4 % y no prioriza la calidad). Esta medida fortalecería las actitudes y aptitudes de millones de salvadoreños para vivir en paz y progresar.

¿Qué podría hacer el Órgano Ejecutivo? Tomar la decisión administrativa de evaluar la efectividad y austeridad de las entidades públicas a fin de implantar medidas que mejoren su desempeño, disminuyan el gasto y reduzcan la presión fiscal.

¿Qué podría hacer la sociedad civil organizada? Accionar conjuntamente hacia un objetivo común y sensibilizar a la ciudadanía acerca de que la mayoría de los problemas sociales tienen a la base la falta de una educación de buena calidad. Es decir, sin mejorar la calidad de la educación no se pueden solucionar los problemas sociales.

¿Qué podría hacer la cooperación externa? Alinear su asistencia técnica y financiera hacia el tema priorizado por la sociedad en los próximos diez años. Esto es vital porque El Salvador no dispone de los recursos necesarios para enfrentar la violencia delincuencial y a la vez solucionar los múltiples problemas sociales que tiene.

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  • sociedad civil
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