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Cambio o transformación

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Rafael Ernesto Góchez - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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El soberano habló claro en las urnas este 28/febrero/2021: el partido del mandatario Nayib Bukele, Nuevas Ideas, tendrá mayoría calificada en la Asamblea Legislativa y presidirá más de la mitad de las alcaldías. Ahora, las exigencias las establecerá la realidad nacional (pobreza, desempleo, violencia delincuencial, vulnerabilidad ambiental e impunidad). Es decir, los gobernantes tienen la enorme tarea de responder a las demandas sociales en momentos de pandemia, contracción económica y desequilibrio fiscal. Surge, por tanto, la pregunta ¿habrá cambio o transformación?

Un cambio político implica, por ejemplo, sustituir un programa, organización o normativa por otra para producir resultados distintos. Esto significa alterar el orden establecido y modificar la forma en que se toman las decisiones. El cambio indica que las cosas no serán igual y la gestión gubernamental será diferente a la preexistente. Todo cambio en políticas públicas suele impactar a miles de personas.

Una transformación incluye al cambio, pero va más allá de alterar el orden de las cosas y de sustituir a unos funcionarios por otros. Una transformación aborda las raíces o causas de los problemas. Por ello, conviene dar respuesta a ¿cómo y para qué transformar el país? Esto es importante porque transformar El Salvador pudiera significar desmontar y construir un modelo de desarrollo.

El cambio político que es producto de la voluntad popular (expresada por medios democráticos y transparentes) es legítimo. Lo complejo de hoy día (dado los avances tecnológicos y las redes sociales) es la volatilidad y la presión que ejerce la opinión pública. Esto pudiera ser significativo porque (1) El Salvador vive una crisis múltiple y (2) la capacidad de respuesta gubernamental es limitada (en vista de que el endeudamiento supera el 90 % del PIB).

Ante este panorama, el manejo de las expectativas es un punto neurálgico. Aquí se exponen algunos de los obstáculos que podrían impedir que el cambio se convierta en una transformación.

1. Los problemas abundan y los recursos escasean. Es probable que el Estado opte por atender las emergencias (numerosos compatriotas desean respuesta inmediata a sus múltiples necesidades) y postergue la solución de los problemas estructurales. De ser así, no se desmontaría el modelo actual ni se iniciaría la construcción de otro modelo de desarrollo entre 2021-2024.

2. Lento crecimiento económico. Generar certidumbre y dinamizar la inversión son dos pasos fundamentales para crear empleos, frenar la informalización y reducir la desigualdad. Una transformación debería conducir a la desconcentración de la actividad económica del AMSS y a la ampliación de oportunidades en el interior del país.

3. La falta de una visión común. Una acción estratégica es precisar "El Salvador que queremos", por lo que convendría diseñar y difundir la imagen-objetivo del país que se quiere construir. Este paso es apropiado para que el cambio avance hacia una transformación. Consiguientemente, la información y comunicación social son primordiales para cohesionar a la sociedad cuscatleca.

Conclusión: la ciudadanía aspira a que el cambio conduzca a una transformación. La oportunidad que tiene el gobierno es histórica. El reto es armonizar el enfoque electoral (búsqueda del poder público) con el enfoque de desarrollo (búsqueda del bien común). En síntesis, para lograr que el cambio camine hacia la transformación de El Salvador habría que generar las condiciones, sinergias y políticas públicas necesarias para que el desarrollo del país sea inclusivo y sostenible.

Tags:

  • cambio
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  • opinión pública
  • Bukele
  • expectativas
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