Cambios en el gobierno, no en el partido

En la historia política de El Salvador, nunca un partido había dominado tanto un gobierno como el FMLN al suyo. Aún más con un presidente que siempre dirigió colegiadamente, y que desde el inicio de su gestión de gobierno ni lo condujo, ni lo lideró, ni lo proyectó comunicacionalmente.
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Alberto Arene / Economista/analistaInternacionalmente

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Casi 4 años después, ante la debacle de sus resultados electorales, la dirigencia del partido le atribuye al gobierno la culpa del fracaso electoral, particularmente al presidente ausente, tanto en la conducción y aún más en la comunicación. No obstante que José Luis Merino afirme que Sánchez Cerén es el mejor presidente que ha tenido El Salvador.

Consecuentemente, una parte principal del cambio en el gobierno consiste en reestructurar la presidencia, intentando lograr más y mejores resultados en su último año, contándoselos mejor a la ciudadanía y proyectándolos política y electoralmente.

En el imperativo de reestructurar la presidencia, al vicepresidente Ortiz se le asigna la Secretaría Técnica y Ministerio de Planificación de la Presidencia, desde donde conduciría al gobierno comunicando sus logros, habiendo sido persuadido que desistiera de competir por la candidatura para presidente con Gerson Martínez, el ungido de la dirección cuya victoria está ahora más cuesta arriba que nunca. Ortiz sustituye a Roberto Lorenzana quien ahora asume la Secretaría de Gobernabilidad que dejó Hato Hasbún que falleció, conduciendo el diálogo y la negociación con el congreso y los empresarios, además de ser el comunicador de la presidencia.

El ministro de Hacienda sale después de 9 años de conducir la economía del país y al menos de dos años después de haberse agotado su gestión. Logró que el partido y el presidente le aceptara a Nelson Fuentes que lo acompañó cercanamente a lo largo de su prolongada gestión. Le asignarán aumentar los subsidios al agua, al gas y a la electricidad para la población pobre y de clase media baja, y proponer impuestos progresivos dentro de una nueva política tributaria, en el marco de la estrategia hacia las elecciones presidenciales de 2019.

En el imperativo de asegurar el control de los ministerios en función electoral entendemos la llegada de la titular de Economía que fungía como viceministra sustituyendo a Tharsis Salomón, el principal interlocutor del sector privado en el gobierno al que se le atribuyen resultados concretos. Ahora asume como comisionado presidencial para las Inversiones, cargo sin institucionalidad ni dientes que asumía el vicepresidente.

Todo indica que Ortiz animó a su aliado y antiguo combatiente, Héctor Rodríguez, director de Migración, a emitir sus valientes declaraciones críticas de la cúpula partidaria, pero a la hora de los quiúboles lo dejó solo y no lo respaldó para continuar en sus funciones, porque confrontaría y se desgastaría con los que mandan en el partido. Pero sí volvió a respaldar al titular de CEPA con quien se alió y a quien blindó desde el inicio del gobierno en estrecha alianza con José Luis Merino quien lo puso en el cargo a él y al gerente general, su gran amigo y colaborador histórico, a quien intentó poner de presidente originalmente. Ante las críticas por la cuestionada gestión de dicha dupla, fue siempre Ortiz quien las neutralizó en el partido y aún más con el presidente de la república, blindando una gestión llamada ahora a profundizar su contribución a la estrategia electoral donde las carreteras, los puentes y la logística serán importantes en la estrategia político-mediática en las próximas elecciones presidenciales.

Así vienen y se explican los cambios en el gobierno, no en el partido donde no habrá cambios, no obstante que allí se conformó el gobierno y se tomaron las principales decisiones, y que fue la votación por su bandera y candidatos la que se derrumbó en las pasadas elecciones legislativas y municipales.

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