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Candidato: ¡Si es presidente, prepárese!

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Rubén I. Zamora, Exembajador en Estados Unidos y ONU

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Los candidatos andan muy alegremente ofreciendo y jurando cumplir generosas ofertas de salvar la patria, asegurarnos la seguridad, dinamizar la economía, resolver la pobreza, etcétera. Es inevitable que en una campaña electoral los candidatos tiendan a elevar al cubo las capacidades de ejecutar lo que han prometido cuando ganen, esta es una de las razones que explican la poca credibilidad de que nuestros políticos en primer lugar y el sistema político por consecuencia está presentando.

Pero esta alegre fiesta de promesas tiene un trasfondo lleno de posibles nubarrones que pueden volverlas completamente inviables y terminar siendo no más que leños en la fogata que consume nuestra democracia y nuestro bolsillo.

Para lo que el nuevo presidente debe prepararse es una posible crisis del capitalismo a nivel mundial. Los indicadores se acumulan, permítanme señalar solo algunos de los más amenazantes.

En primer lugar, es la situación de las economías de los dos más importantes actores de la escena económica mundial, China y los Estados Unidos.

China, en la conmemoración de los 10 años de la última gran crisis financiera, el gobernador del Banco de Inglaterra se refirió a China como "uno de los más grandes riesgos" para la estabilidad financiera mundial, precisando que el sector financiero de ese país se ha desarrollado muy rápidamente y presenta muchas de las características que vimos al inicio de la crisis de hace 10 años, desde 2007 la deuda de China se ha cuadruplicado y según el FMI su deuda total es cerca del 234 % del producto bruto y puede llegar a un 300 % en 2022; según la publicación China Economic Reporting, en su número del mes pasado, señalaba: "La economía sigue ablandándose, la inversión, la producción industrial y las ventas todas se están debilitando, a pesar de los esfuerzos del gobierno de contrarrestarlo" y anotó que las medidas de gobierno para sostener el desarrollo económico estaban perdiendo fuerza.

Por su parte, en los Estados Unidos, son más frecuentes las voces de economistas y financieros señalando el peligro de una nueva crisis dentro de los próximos 3 años, ya no son Soros o Armstrong o Minsky quienes lo afirman, sino académicos como Robert Aliber, de la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago, son quienes afirman que existe una probabilidad del 40-50 % de que durante o un poco después de 2018 se produzca el "crash" de la bolsa de valores; hoy son personalidades del mundo bursátil como el veterano analista de Wall Street Mark Newton, exjefe de los "Técnicos estrategas" de Morgan Stanley, quien predice que el alza de valores va a detenerse y "probablemente veremos un 40-50 %, caída que empezará en la primavera de 2019 o durante 2020".

En segundo lugar, el panorama en las restantes economías desarrolladas y subdesarrolladas no es favorable, el brexit en el Reino Unido, la crisis de la banca italiana, el retroceso del crecimiento en la gran mayoría de los países de nuestro continente, son seguros indicios que si la crisis financiera adquiere nivel global, sus efectos sobre todos nosotros pueden ser aun más devastadores que la crisis anterior y será más difícil para nuestros gobiernos encontrar medidas al menos para paliar sus negativos efectos.

Si estas predicciones se hacen realidad –roguemos al cielo que no suceda–, el impacto en nuestra débil economía no se hará esperar y nos retrocederá aún más en nuestro camino al desarrollo e incrementará los problemas sociales a un nivel más grave, teniendo en cuenta que la válvula de escape a las presiones sociales más importante que hemos tenido está siendo cerrada por el Sr. Trump; para el nuevo gobierno que surja de las próximas elecciones será una cruz para la que probablemente no estará preparado.

Las anteriores advertencias son ya lo suficientemente coincidentes y provienen de los más altos niveles del mundo bursátil como para que nos hagamos de oídos sordos, o peor aún, metamos la cabeza en la arena. No pretendo que las tomemos como hecho, sino como alta probabilidad y por lo tanto, que tengamos una política que nos permita enfrentar la crisis con el menor daño posible al pueblo salvadoreño. En los debates de la campaña me parece indispensable que los candidatos se refieran a este tema y nos digan lo que piensan hacer si el pronóstico ocurre, porque frente a una crisis mundial, no se puede ni improvisar ni hacerse el inocente.

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