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Carta a la madre*

Eres el amor más genuino que he podido conocer, siempre estuviste ahí, tanto sacrifico, paciencia y esperanza me hicieron la persona que hoy soy.
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Cuando cometí errores pudiste perdonar, cuando fui desobediente supiste esperar; fue tu cariño el que me fijó el rumbo, tu ternura mi consuelo, en las horas más tristes fuiste luz, calor en la fría soledad, consuelo en la angustia.

Madre, siempre volví y siempre volveré a los brazos maternos, para que nuestros corazones vuelvan a palpitar juntos otra vez como un solo ser; porque soy y seré fruto de tu sagrado vientre.

Ahora que soy adulto comprendo que tu tarea no fue fácil, y comienzo a entender la inmensidad de tu amor; basto como el mar, grandioso como el cielo, tan parecido al amor de Dios por ser genuino, puro y real.

Más valioso que las joyas, más lindo que las rosas, más extraordinario que la luna iluminada, más tierno que el atardecer, es el amor tuyo.

Iluminando como un faro mi caminar, eres ángel que Dios puso para mí. Porque siempre serás el vínculo que usó el Padre Eterno para darme vida.

A pesar de que no se pueda expresar en palabras la grandeza de tu amor, hoy te manifiesto mi gratitud, madre amada, madre mía.

*Dedicado a las madres salvadoreñas.

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