Carta al presidente

5 de marzo 2015
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Estimado señor presidente:

Reciba un cordial saludo. Espero que disfrute su estadía en Venezuela. Soy un estudiante universitario, tengo 19 años y soy un joven con muchos sueños, como todos los salvadoreños.

Me dirijo a usted este día, no para pedirle, sino rogarle que haga algo por la situación de violencia que vive el país. No intento ser partidista, ni desestabilizar el gobierno, ni tengo intención alguna de faltarle el respeto; solamente le suplico que me ayude porque no soporto más esta situación.

Estoy cansado de despertar cada mañana y ver como encabezado “Aumento de homicidios en febrero”, “Asesinan a policía que visitaba a su familia”, “El Salvador: el país más violento del mundo”.

Pero el que más me marcó fue “Masacre a 11 trabajadores”. Once trabajadores, once padres, hijos, esposos y hermanos que nunca regresarán. Once. Salvadoreños como yo y como usted que se esforzaban para llevar comida a sus familias, quienes a pesar de tantos problemas y miedos, día a día buscaban salir adelante.

Once salvadoreños de bien que se nos han ido.

No es que tenga alguna relación con ellos, es más, ni los conocía. Sin embargo, siento el dolor de sus familias.

Mi hermana mayor se fue del país en enero del año pasado, por la situación de violencia. Afortunadamente solo se fue a Costa Rica a 1,100 kilómetros de distancia.

Digo afortunadamente porque a pesar de que la extraño cada día desde su partida, sé que puedo verla después de 45 minutos de viaje en avión. Pero los familiares de esos trabajadores, por más que viajen, traten o quieran nunca volverán a ver a sus seres queridos.

Señor presidente, me dirijo es a usted para pedirle que ya no hayan más familias desintegradas como la mía.

Le pido que se ponga en acción.

Si hay una persona en este país que puede solucionar este problema es usted; la seguridad del pueblo es tarea del Estado porque este es quien tiene los recursos necesarios. Y si necesita ayuda, cuente con todo mi esfuerzo, pero le ruego que esto se detenga ya.

No pretendo faltarle el respeto, solo le comento que somos un país de 6 millones de personas y perdemos 24 cada día. ¿Cuántos más tenemos que perder para que nuestro gobierno actúe? Esta cifra es tan fuera de lo normal que el Departamento de Estado de Estados Unidos le recomienda a sus ciudadanos que no vengan.

Señor, necesitamos un líder en esta época de crisis y lo invito cordialmente a que sea USTED quien desde su cargo empiece a cumplir eficientemente sus labores.

El Salvador lo necesita, el pueblo lo necesita, los jóvenes y las familias salvadoreñas lo necesitamos.

Le comenté que era soñador y sueño con un país en el que pueda salir de mi casa sin que mis papás se preocupen por si regresaré, con un país en que los salvadoreños puedan trabajar, sin miedo, para alcanzar sus metas. Sueño con un El Salvador con funcionarios comprometidos con su trabajo.

Espero que un día se me cumpla ese sueño. A pesar de los problemas no pierdo la esperanza porque Yo creo en El Salvador.

Agradeciendo su atención me despido.

Atentamente,

Alejandro Alas

Tags:

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