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Cerca del abismo

El presidente Bukele en su toma de posesión el 1 de junio de 2019 lo reconoció y anunció a los salvadoreños que nos tendríamos que apretar el cinturón. Tres años después de eso las actitudes mostradas por las autoridades y los números nos demuestran una situación muy diferente.

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Óscar Manuel Batres B. - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Cerca del abismo

Así está la situación financiera del país. Eso significa la última calificación de riesgo que Moody’s otorgó en su Dictamen Anual. Nos colocó en el penúltimo peldaño de la escala de todas las calificaciones utilizadas para reflejar el riesgo de adquirir bonos emitidos por diferentes emisores de deuda, principalmente los gobiernos de todo el mundo.

Tener esa calificación de riesgo significa que las empresas especializadas en el análisis de la situación financiera y económica del país, y de manera especial el estado de las finanzas públicas, y la forma en que las autoridades responsables están tratando y buscando soluciones al problema, consideran que el país tiene un riesgo alto de no cumplir sus compromisos. Al estar en esas condiciones se le cierran al país las fuentes de financiamiento en el sistema financiero de todo el mundo. Es un escenario grave porque se necesita el apoyo de las instituciones del sistema financiero internacional privado y multilateral para cubrir la brecha entre los ingresos y gastos fiscales, y las necesidades para realizar inversiones.

Esta situación no es nueva. La situación de las finanzas públicas se viene comprometiendo desde hace mucho tiempo. El presidente Bukele en su toma de posesión el 1 de junio de 2019 lo reconoció y anunció a los salvadoreños que nos tendríamos que apretar el cinturón. Tres años después de eso las actitudes mostradas por las autoridades y los números nos demuestran una situación muy diferente. El gasto público se ha incrementado en más de $1,700 millones al año, la deuda pública se ha incrementado en más de $4,500 millones, y los intereses que el país tiene que pagar por esa deuda se han incrementado en casi $300 millones anuales. El valor total de los intereses que tenemos que pagar todos los años es de casi $1,400 millones, una cifra muy superior a cualquiera de los presupuestos de las carteras de salud y seguridad. Es cierto que tuvimos la pandemia, ningún gobierno estaba preparado para enfrentar esa situación tan seria; pero, según los análisis y estimaciones realizados por economistas que conocen la situación de las finanzas públicas, el gasto en salud y los programas sociales que se implementaron requirió no más de $700 millones, menos de la mitad del incremento en el gasto total.

La misma calificadora de riesgo que nos otorgó la calificación que comentamos también advirtió que las perspectivas son negativas, lo que significa que el riesgo de prestarle a El Salvador será mayor. Llegan a esa conclusión analizando los factores estructurales que determinan la capacidad de pago que podemos tener para cumplir con los compromisos que tenemos a corto y mediano plazo, y que las autoridades no presentan un plan serio para enfrentar una situación tan delicada. Creyeron que convirtiendo el bitcóin en moneda de curso legal y emitiendo bonos con esa denominación resolverían el problema, y se burlarían de las instituciones del sistema financiero internacional que exigen mayor transparencia y disciplina en el manejo de las finanzas públicas. Casi un año después de ese disparate, el experimento nos ha costado a todos los salvadoreños más de $200 millones entre pérdidas cambiarias y operativas, además del costo que nos produce el desprestigio en los mercados financieros internacionales, y el efecto que eso tiene para que el país se considere como un destino atractivo para atraer inversiones. Mientras tanto las autoridades monetarias y los funcionarios del gabinete económico guardan silencio, y siguen viendo impasibles cómo se siguen realizando "sin ton ni son" inversiones en bitcóin, utilizando y dilapidando el poco dinero que tenemos los salvadoreños.

Cada vez tenemos menores espacios para resolver la situación. Las perspectivas económicas son sombrías. Se está desacelerando el ritmo de crecimiento económico, hay signos de contracción de las remesas familiares, la desaceleración de la tasa de crecimiento de la economía de Estados Unidos provocará también una reducción de la tasa de crecimiento de las exportaciones y recibimos poca inversión extranjera. Son realidades que las autoridades deben reconocer con responsabilidad ante los organismos financieros multilaterales, y aceptar las oportunidades que se les presentan y recomiendan para mejorar las finanzas del Estado.

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Tags:

  • abismo
  • Bukele
  • calificación de riesgo
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