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Cercanía de Dios

Dios visita a su pueblo, está en medio de su pueblo, acercándose. La cercanía es el modo de Dios.

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Rutilio Silvestri

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«Dios ha visitado a su pueblo» es una expresión que se repite en la Escritura, hizo notar inmediatamente el Papa refiriéndola al episodio evangélico de la resurrección del hijo de la viuda de Naín relatado por san Lucas. Son palabras que tienen un sentido especial, diverso, de esas expresiones como «Dios ha hablado a su pueblo» o «Dios ha dado los mandamientos a su pueblo» o también «Dios ha enviado un profeta a su pueblo».

Al afirmar que «Dios ha visitado a su pueblo», hay algo más, hay algo nuevo. Se la encuentra en la Escritura, por ejemplo, en relación con la vicisitud de Noemí, de la que se dice: «Dios la visitó en su vejez y la hizo abuela». Lo mismo se dice de Isabel, la prima de María: «Dios la ha visitado y la hizo madre». Por lo tanto, cuando Dios visita a su pueblo, quiere decir que su presencia está allí de manera especial. Recordemos el episodio de Naín, en este pasaje del Evangelio, donde se relata esta resurrección del muchacho, hijo de la madre que era viuda, el pueblo dice esta frase: «Dios nos ha visitado».
  ¿Por qué usa precisamente esta expresión? ¿Solo porque Jesús ha hecho un milagro? En realidad hay más. En efecto, la cuestión fundamental es comprender cómo visita Dios.

Dios, visita antes que nada con su presencia, con su cercanía. En el pasaje evangélico Jesús era cercano a la gente: un Dios cercano que logra entender el corazón de la gente, el corazón de su pueblo. Luego, relata san Lucas, «ve ese cortejo y se acerca». Por eso Dios visita a su pueblo, está en medio de su pueblo, acercándose. La cercanía es el modo de Dios.
Además, hay una expresión que se repite en la Biblia muchas veces: «El Señor tuvo gran compasión». Y es precisamente la misma compasión que, dice el Evangelio, tenía cuando vio a tanta gente «como ovejas sin pastor». Es un hecho entonces que, cuando Dios visita a su pueblo, le está cercano, se le acerca y siente compasión: se conmueve. Él está profundamente conmovido como lo estuvo ante la tumba de  Lázaro. Y conmovido como el padre, en la parábola, cuando ve volver a casa al hijo pródigo.

Precisamente la imagen propuesta por el Evangelio de san Lucas puede hacernos entender a fondo lo que significa una visita de Dios a su pueblo. Lo comprendemos mirando a Jesús en medio de ese gran gentío; mirando a Jesús que se acerca a ese cortejo fúnebre, la madre que llora y Él que le dice «no llores», quizás la acarició; mirando a Jesús que devolvió el hijo vivo a su mamá.

Así, podemos pedir la gracia de que nuestro testimonio de cristianos traiga la visita de Dios a su pueblo, es decir, de cercanía que siembra la esperanza.
Nosotros acerquémonos a Él. Cercanía y compasión: así el Señor visita a su pueblo. Y cuando queremos anunciar el Evangelio, llevar la palabra de Jesús, esta es la senda. Pidamos a la Virgen que nos acerque a Jesús.

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