Cerrándolo

Estamos por concluir un año difícil, complicado y estresado. Difícil porque en las calles y avenidas de nuestro país continúa prevaleciendo la falta de seguridad y tranquilidad. Esta situación afecta a muchas familias que han perdido miembros en su núcleo familiar, en su círculo social o en su espacio laboral. Son muchos estos casos. Algunos son cercanos y otros se conocen en los medios de comunicación. Así, la conciencia colectiva continúa afirmando que la inseguridad es el principal problema.

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Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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La gente reconoce que la estrategia de seguridad gubernamental es ineficaz. Las leyes que ha emitido la Asamblea Legislativa allí están, los aportes especiales son insuficientes, a las investigaciones les falta coordinación, los acusados tienen amparo en la justicia y las cárceles siguen hacinadas. El tema es complejo e inhumano, y ha dejado una estela de dolor en muchos.

Un año complicado y estresado porque las calles y avenidas son escenario de desorden y de violencia. No hay por donde moverse sino por vías principales. No hay suficientes parqueos y terminamos aplicando la ley del más fuerte. El año cierra y quedamos a la espera de hacer realidad las declaraciones del viceministro de Transporte, no eliminó las barreras a la movilidad y el transporte. Y las barreras siguen creciendo como reflejo de la inseguridad.

Cerramos un año con muchas familias haciendo malabares para satisfacer las necesidades básicas. Aunque la tasa de inflación no es comparable con la de años atrás, es una realidad que los ingresos no son suficientes para cubrir las necesidades. Continúan los casos de pérdida de empleo con las consecuencias que esto representa en la estima y dignidad personal y en la estabilidad familiar. Y con las perspectivas de la economía, los afectados pierden confianza en el futuro.

Confianza. Las encuestas de opinión expresan la pérdida de confianza que la ciudadanía tiene. El rumbo de país no es el adecuado dice una creciente mayoría. ¿Qué cambios hay que hacer para revertir esto? Es la pregunta que debemos hacernos. Son las respuestas que todos tenemos la obligación de responder. La responsabilidad es compartida. Elegimos a los que representan en la estructura de gobierno y no les damos cheque en blanco.

Confianza. La gente cree que el sistema en el que vivimos es de privilegios para unos pocos que se aprovechan de su condición para beneficio personal. No hay competencia. Hay discrecionalidad. Hay ley de competencia y recientemente ley de procedimientos administrativos. Pero ¿servirán para que todos seamos iguales ante la ley? ¿Servirán para amparar procesos que hagan respetar la legalidad? Necesitamos instituciones fuertes y transparentes. Necesitamos servidores públicos competentes e intachables.

Confianza y certidumbre. El Salvador ha perdido atractivo. Se hacen esfuerzos, pero no son suficientes para atraer inversionistas que generen empleo de calidad. Se han perdido casi 5,000 empleos formales fue la noticia de esta semana y esto genera mucha incertidumbre.

Se pierden empleos y los jóvenes que entran a competir en el mercado laboral no pueden encontrar oportunidades laborales. Se quedan sin opciones.

Confianza. ¿Qué hacer para recuperarla? Necesitamos estímulos para fortalecer nuestra estima y orgullo personal y nacional. Necesitamos conciencia sobre la responsabilidad política que todos tenemos independientemente de nuestra condición y ocupación. Necesitamos gobierno efectivo. Y necesitamos reconocer que en 20 mil kilómetros cuadrados hay oportunidades.

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