Chicharras ausentes

El cambio que se está dando en el clima es verdaderamente dramático, y, como vemos a diario, es un fenómeno de dimensiones globales, que abarca los cuatro elementos fundamentales de la Naturaleza: el aire, la tierra, el agua y el fuego.
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 Lo primero que ha perdido el clima es su disciplina natural: hoy cualquier cosa puede pasar y en cualquier momento. Aquella frase clásica –rayo en cielo sereno– es en estos tiempos experiencia que se repite constantemente en las más diversas formas y expresiones. Aunque desde luego no es la primera vez que ocurre en el curso de los tiempos un trastorno como el presente, y de seguro los ha habido peores a lo largo de la vida en la Tierra, es el actual el que nos toca enfrentar y sufrir, y ahora con el agravante de que ha sido la irresponsabilidad humana uno de los factores desencadenantes. Pero, en fin, aquí estamos y en esto estamos. En estos días, una experiencia personal muy vívida me ha reavivado reflexiones de este tipo: la Semana Santa sin chicharras. De seguro su estridor se escuchó en algunas zonas, pero en mis árboles vecinos lo que se impuso fue el silencio. Para mí fue una deprimente sensación de orfandad climática. Soy amigo del silencio, pero no del silencio que signifique pérdida. ¿Habrá que resignarse?

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