China: “1+3+6”. ¿Y nosotros?

...El Salvador sigue dejando escapar las oportunidades por falta de visión estratégica de sus gobernantes. Y como ninguna autoridad ha hecho planteamientos sobre estos temas, ¿podría alguien con buen juicio aventurarse a decir que El Salvador tiene rumbo?
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China, cuya economía hoy le está disputando la supremacía a EUA, decidió jugar un papel estratégico en Latinoamérica en 2005 y ha ido cumpliendo su plan paso a paso. Para ellos está claro: el nuevo epicentro mundial de negocios será el Pacífico, desde el mar Índico hasta el continente americano. Obvio, en esta región habitan casi dos tercios de la población mundial, lo que representa grandes oportunidades y la existencia de amplios recursos naturales para el desarrollo económico mundial.

EUA también lo visualizó así, según artículo de Hillary Clinton (noviembre, de 2011), siendo secretaria de Estado. Sin embargo, este país no ha logrado mostrar la contundencia de China, lo que le restará espacio económico, político y estratégico en la región.

El interés de China en Latinoamérica comenzó a manifestarse en 2005. Y a inicios de 2014, ya llevaba aprobados préstamos por $102.2 mil millones a países y empresas públicas y privadas latinoamericanas, con un hito de $37,000 millones en 2010, unos $7,000 millones más que lo que otorgaron juntos el Banco Mundial, BID y el Banco Export-Import de EUA, según un estudio del Global Economic Governance Initiative (2014), de la Universidad de Boston.

Para Kevin Gallagher, codirector de esa institución, China se ha concentrado “en países de alto riesgo” como Venezuela, Argentina, Ecuador y Jamaica, donde este último sufre un grave déficit fiscal. Pero China no regala recursos y mantiene el análisis y cobertura de riesgos, aplicando tasas de interés relativamente altas o asegurando el pago con petróleo.

Los principales receptores de créditos a 2013 fueron Venezuela ($50.6 mil millones), Argentina ($14.1MM), Brasil ($13.4MM) y Ecuador ($9.9MM), pero también han obtenido recursos México, Perú, Costa Rica, Chile y Uruguay. En el caso de Venezuela y Ecuador, esos montos de deuda no contabilizan las preventas petroleras (garantías). Con Venezuela, la cantidad de préstamos se elevará otros $20,000 millones, logrados en enero de 2015, por lo que su producción estará comprometida por muchos años, así como algunas extensiones de su territorio agropecuario que han tomado los chinos como garantía.

El gobierno de Ecuador también concretó recientemente nuevos acuerdos crediticios con China por unos $6,000 millones para proyectos sociales, riego e infraestructura. Cada quien endeuda a su país como le place, cuando está en el Gobierno. El problema es que al igual que la tarjeta de crédito, cuando se usa se siente el “poder de gastar”, pero cuando llega el momento de pagar, se siente la “angustia del no me alcanza”.

Ahora, China acelera el paso. Hace un par de semanas terminó en ese país el Primer Foro Ministerial China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), donde Xi Jinping, presidente del gigante asiático, develó el plan estratégico, denominado “1+3+6”, porque busca una alianza con Latinoamérica sobre la base de “1” programa, con “3” motores (comercio, inversión y cooperación financiera) y “6” ejes fundamentales: cooperación energética, recursos naturales, construcción de infraestructuras, agricultura, manufactura, innovación tecnológica y tecnología informática”, comprometiendo $250 mil millones para los próximos 10 años.

Llama la atención el eje “infraestructura”, que muestra en el radar chino los túneles Chile-Argentina en la cordillera de los Andes, el ferrocarril Perú-Brasil y el canal de Nicaragua. ¿Y no pudimos desarrollar un canal seco El Salvador-Honduras? China está en lo correcto: al otro lado en el Atlántico están la Costa Este de EUA, Europa e importantes países latinoamericanos y africanos que necesitan estar conectados con este nuevo centro comercial mundial.

Y a todo esto, ¿qué está haciendo El Salvador ante las oportunidades que ofrece este nuevo mundo del Pacífico? ¿Quién piensa estratégicamente en el Gobierno sobre la geoeconomía nacional? ¿Podemos lograr un nicho comercial en el Pacífico, para elevar el nivel y calidad de vida del país? ¿Por qué sumarnos o no a la Alianza del Pacífico? ¿Iremos erradamente a ofrecer productos agropecuarios con criterio del siglo XIX en el siglo XXI?

Lamentablemente, El Salvador sigue dejando escapar las oportunidades por falta de visión estratégica de sus gobernantes. Y como ninguna autoridad ha hecho planteamientos sobre estos temas, ¿podría alguien con buen juicio aventurarse a decir que El Salvador tiene rumbo? Es penoso, ¡no lo tenemos ni hacia adentro ni hacia afuera!

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