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China, nuevas realidades planetarias

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David Hernández / Escritor

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La llegada al poder en Taiwán de Tsai Ing-Wen, del Partido Demócrata Progresista (PDP), en mayo de 2016, cambió, con su postura de mayor autonomía frente a Pekín, las relaciones basadas en el Consenso de 1992, que estableció el "principio de una sola China" y dos sistemas políticos, funcionando en Hong-Kong y Macao.

La respuesta de Pekín no se hizo esperar. En agosto de 2018 El Salvador se ha unido a otros países que estrechan lazos con China en detrimento de Taiwán, como Burkina Faso, República Dominicana (en mayo pasado), Panamá (en junio de 2017), Santo Tomé y Príncipe (diciembre de 2016).

China posee el producto interno bruto (PIB) más alto del planeta, en términos de paridad de compra en el ranking del World Factbook de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). En términos de PIB nominal, China desbancará alrededor de 2020 tanto a la Unión Europea (UE) como a Estados Unidos (EUA) y ostenta las mayores reservas de divisas, con $3.1 millones de millones, frente a $774 mil 900 millones de la UE (cuatro veces menos) y $117 mil 300 millones de EUA (26 veces menos).

Una de las razones para impulsar la nueva "Ruta de la Seda" global es que China paga las consecuencias de su política de ‘hijo único’, pues con 1,400 millones de habitantes, envejece a gran velocidad, y deja una fuerza laboral reducida para sustentar a una población cada vez más vieja y longeva.

La Ruta de la Seda fue una red de rutas comerciales organizadas a partir del negocio de la seda china desde el siglo I a. C., que se extendía por todo el continente asiático, Europa y África, y que llegó hasta la instauración de la llamada Pax Mongólica o Pax Tartárica, un periodo de estabilidad social, cultural y económica que experimentaron los distintos pueblos nativos de Eurasia que fueron conquistados por el Imperio Mongol durante los siglos XIII y XIV.

Esta reedición de la Ruta de la Seda se da en plena encrucijada por la guerra comercial abierta con EUA. China lanzó en 2013 el macroproyecto One Belt, One Road (OBOR, Un cinturón, Una carretera), para sentar las bases de un nuevo sistema financiero que reposaría sobre el régimen de Pekín, en detrimento de Washington.

Este megaplan de infraestructuras implica una inversión de 8 billones de dólares y conectará a cerca de 70 países, lo que supone una base de consumo de 4,400 millones de personas, aproximadamente el 63 % de la población mundial, que aglutina un producto interior bruto conjunto de 2.1 billones de dólares, cerca del 30 % de la economía global. La iniciativa implica inversiones, financiaciones, acuerdos comerciales y decenas de Zonas Económicas Especiales (ZEE) en Asia, África y Latinoamérica, ya que según un informe del Foro Económico Mundial, hasta agosto de 2018, China es el principal socio comercial de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay y el segundo de México. Económicamente, el siglo XXI para Latinoamérica estará en el Pacífico (Japón, Corea, China) en detrimento de EUA.

Los préstamos de China no son sin embargo subvenciones; ello implica una fuerte dependencia de las diferentes economías nacionales involucradas, respecto al guion planetario de esta nueva Ruta de la Seda.

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