Cinco lecciones latinoamericanas (1/2)

La sabiduría popular dice “situaciones desesperadas exigen medidas extremas”. Hace un año escribí sobre la necesidad de una nueva independencia para El Salvador, a propósito del Bicentenario del Primer Grito de Independencia. En esa ocasión, presenté los errores de América Latina y compartí una solución: reconocer que los problemas que nos rodean son nuestra responsabilidad y que juntos podemos resolverlos. Ahora, en dos entregas propongo cinco soluciones creativas e innovadoras a cinco problemas que nos aquejan diariamente.
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<p>1. Drogas. “No alcanza con la represión. Primero se necesita disputar el mercado; segundo, brindar medicina para curar gente y, tercero, represión” así justificó el presidente Mujica (Uruguay) su propuesta de legalización de la venta de marihuana, sujeta al control estatal del consumo y la tenencia de estupefacientes.</p><p>Según periódicos uruguayos, de ser aprobado el proyecto, el gobierno generará redes de distribución, elaborará un registro de consumidores y establecerá el precio de los cigarrillos de marihuana. Pero lo que realmente pretende es “quitarles el mercado a los narcotraficantes”, es decir, una solución innovadora para este tema y similar a lo que sucedió con el crimen organizado en la época de la prohibición de alcohol en Estados Unidos. Esta medida creativa debe al menos generar un debate en nuestra sociedad, debido a la grave situación de El Salvador: gran cantidad de muertos, numerosos casos de infiltración del crimen organizado en las estructuras de gobierno (alcaldías, policía, militares, diputados, etcétera) y estructuras empresariales que facilitan el manejo de los fondos ilícitos. En fin, se puede criticar la propuesta uruguaya, pero lo que no se puede es dejar pasar el tiempo sin brindar una solución a este problema.</p><p>2. Corrupción. La presidenta Dilma Rousseff (Brasil) está liderando la lucha contra la corrupción contra líderes del Partido de los Trabajadores (gobernante) y sus aliados en la Asamblea y el mundo empresarial, por emplear fondos públicos para comprar votos en el Congreso entre 2002 y 2005. El caso gira alrededor de las entregas de dinero mensuales que supuestamente el gobierno pagó a los diputados a través de una empresa, conocida popularmente como el “mensalao”. Este caso ha seguido todas las etapas judiciales y actualmente es juzgado por la Corte Suprema. Los brasileños están demostrando que sus instituciones funcionan y su innovación radica en impulsar el respeto a las reglas y demostrar a sus ciudadanos que todos viven regidos por el imperio de la ley. En El Salvador, hemos escuchado casos de corrupción en la Administración Pública (el Diego de Holguín y el caso de ANDA, por mencionar dos) y sin embargo, son pocos los judicializados. Además, diversos indicadores presentan un bajo nivel de confianza en los tribunales, y el resto de organizaciones del sistema de transparencia no funcionan por diferentes motivos: la Corte de Cuentas ha sido utilizada con fines partidarios, la Fiscalía carece de fondos y voluntad, y el Instituto de Acceso a la Información Pública no está conformado. Cada día que pasa los problemas se agravan; sin embargo, existen soluciones creativas en países vecinos, por tanto, lo menos que podemos hacer es conocerlas, discutirlas y promover un debate abierto para impulsar una agenda país que nos permita ser verdaderamente independientes en 2021.</p><p>&nbsp;</p>

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