Cincuenta años de conflictos en El Salvador

Después de 50 años de conflicto, las encuestas señalan que la mayoría de la población todavía busca una respuesta pues no está alineada con los partidos políticos existentes.
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Colaborador de LA PRENSA GRÁFICAEl próximo año se cumplirá medio siglo de conflictos en El Salvador; en marzo de 1968, después de una huelga de maestros impulsada por la Asociación Nacional de Educadores estallaron dos bombas terroristas, una en la Editorial Universitaria de la UES, y otra en la Confederación General de Sindicatos (CGS). A esas fechas no existían grupos guerrilleros en El Salvador, por lo que la impresión general fue que los llamados cuerpos de seguridad del gobierno militar de turno iniciaron ese tipo de actividades y a la vez asesinaban a opositores.

Dos años después surgió la organización guerrillera Fuerzas Populares de Liberación (FPL) y en 1971 el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Explotó una verdadera guerra interna pues los gobiernos de esa época procedieron a perseguir a dichas organizaciones, a reprimir a sindicalistas, maestros, estudiantes universitarios y de secundaria, sacerdotes y catequistas, y a realizar fraudes electorales, mientras las FPL y el ERP iniciaron secuestros y asesinatos de empresarios y a organizar movimientos de masas, los cuales se convirtieron en gigantescas y efectivas herramientas de protesta.

En 1975, el ERP cometió el crimen del poeta Roque Dalton, lo que creó división en sus filas, de la que surgieron las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional (FARN).

Alrededor del mundo surgían eventos parecidos impulsados por jóvenes. El régimen político local, en el que reinaba la corrupción, siguió insistiendo en la elección de presidentes militares vía fraudes electorales, lo que lo deslegitimizó y desprestigió, a lo que contribuía que las demandas económicas y sociales de las masas no eran atendidas eficazmente. El sector intelectual concentrado en la UCA y UES, y la autoridad moral de la Iglesia católica representada por Monseñor Romero, se oponían a tanta torpeza dirigida al abismo.

El 15 de octubre de 1979, con el derrocamiento por jóvenes civiles y militares de 47 años de dictaduras militares, surgió la esperanza de evitar la cercana guerra civil, pero esa esperanza no tomó fuerza por la oposición de sectores extremistas de derecha e izquierda, y de militares, algunos de ellos deportados recientemente de EUA. Estos últimos fabricaron un pacto con el Partido Demócrata Cristiano que a partir de enero de 1980 nos condenó a 12 años de la lucha fratricida con un saldo de más de 70,000 muertos. Gracias a presiones externas y al cansancio de los actores estos firmaron el Acuerdo de Paz de 1992; convertidos en partidos políticos, desaprovecharon esta segunda oportunidad, entronizaron la impunidad, la corrupción y la ineptitud; una nueva guerra, de tipo social, comenzó a gestarse con el fortalecimiento de las pandillas, un expresidente falleció cuestionado por la corrupción, uno se encuentra preso y otro fugitivo por lo mismo.

Después de 50 años de conflicto, las encuestas señalan que la mayoría de la población todavía busca una respuesta pues no está alineada con los partidos políticos existentes. La aparición de candidatos independientes para las próximas elecciones es una buena señal; si son honestos y enfocados al Bien Común recibirán un fuerte apoyo. A pesar de todo, el espíritu laborioso de nuestra gente no ha sido doblegado y puede alcanzar su merecida plenitud.

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