¿Circo o realidad para una crisis?

<p>La disputa interinstitucional entre la Asamblea Legislativa y la Corte Suprema de Justicia ha dejado una anormalidad momentánea en las salas de la CSJ que podría provocar: suspensión de juntas de Corte en Pleno por falta de cuórum, paralización de toma de decisiones, el incremento de la mora judicial y la suspensión de otras actividades.</p>
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¿Circo o realidad para una crisis?

¿Circo o realidad para una crisis?

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<br /><p>La rebeldía o politiquería de las fracciones políticas a las sentencias posibilita la intervención de instancias externas al país, en lo que sería un precedente adicional de incapacidad doméstica para resolver conflictos y prosperar como sociedad. El riesgo de arribar a una anarquía jurídica afectaría la deteriorada imagen internacional del país de falta de institucionalidad e ingobernabilidad y el retorno en la imaginación susceptible de muchos, de los términos tan controversiales de inviabilidad o de Estado fallido. Valga la aclaración, esas concepciones son negativas u objetivas, dependiendo de la óptica personal o la manera de visualizar la realidad nacional; otros ejemplos aparentemente diferentes de perspectiva interna son: violencia o inseguridad ciudadana, déficit fiscal o iliquidez fiscal.</p><p>&nbsp;</p><p>El caos, circunstancial o permanente, veraz o políticamente manipulado, se incrementa. Y es entonces que surge para la mayoría, al margen de la politiquería, la interrogante: ¿circo o realidad? Vendrán otros temas o libretos. El fiscal general se ha vuelto manzana de discordia y podría incrementar ese conflicto exacerbado entre poderes u órganos por una partidocracia que rebalsa la crisis, en un país improductivo, poco competitivo y con una pobreza que se agiganta, traduciéndose, de ser circo edificado, en una bufonada dantesca. Al margen, hablando de actividades que distraen la atención, el fútbol de cobertura cultural globalizada tiene un límite en el tiempo a escala internacional y capacidad real a escala nacional.</p><p>&nbsp;</p><p>Se puede abundar en el embrollo de guerra de intereses políticos mezquinos, pero es masoquismo la insistencia de un tema jurídicamente agotado sobre todo en un país que clama por acuerdos y consensos. Hay que retornar al buen juicio. Hay que desechar las paranoias del derecho de insurrección y los comentarios perversos de corralitos y las visiones apocalípticas de Estado, hay que emplear la imaginación para concebir nichos de inversión de efecto multiplicador considerable y mecanismos de protección de la misma y atraer recursos foráneos, en adición a las necesarias pero adictas remesas familiares. Hay que contribuir con actitudes de optimismo y no de pesimismo secular, si no tenemos recursos materiales y financieros que aportar no estorbemos con agotamiento mental de nuevos rumores haciéndonos el harakiri nacional. Los que poseen solvencia, liquidez y recursos, inviertan paguen sus impuestos, abstenerse de practicar el contrabando, no sean desestabilizadores también. Se requieren ciudadanos efectivos y no solo documentados.</p><p>&nbsp;</p><p>Los salvadoreños requieren para subsistir un crecimiento productivo que supere ese promedio histórico del 2%, para crear capacidad de compra interna, generar empleo y poder pagar las pensiones de una población y clase pasiva que crecen en forma exponencial en un país que compra del exterior mucho más de lo que le vende y consume mucho más de lo que produce. La capacidad de tributación real todavía existe para un gabinete económico que labora al margen de la contaminación política, las posibilidades de un convenio revisado con el Fondo Monetario Internacional no están agotadas para preservar la calificación de riesgo país y la accesibilidad potencial a recursos financieros internacionales. La violencia se erradicará algún día. La ciudadanía que labora, tributa, invierte y le apuesta al país merece tregua y oportunidad.</p><p>&nbsp;</p>

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