Ciudadanización: opción o imaginación

El Estado (poder político) y el mercado (poder económico) han sido incapaces de guiar al país por el camino de la cohesión social y el desarrollo sostenible. Todo lo contrario, El Salvador se ha convertido en el país más violento del mundo y tres de cada diez compatriotas viven en el exterior.
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El desacierto también se constata en (1) la polarización ideológica, (2) la preeminencia de la lógica partidaria-electoral en la gestión pública y (3) la lucha partidaria por el control del aparato estatal. Este ambiente limita la participación ciudadana y aumenta la brecha entre gobernantes y gobernados.

Por otra parte, la historia contemporánea está demostrando que los hechos se imponen a los sueños ideológicos en el continente americano: diálogo Cuba-EUA, casos de corrupción en Brasil y Guatemala, colapso del modelo chavista, rechazo a otra reelección del presidente boliviano, proceso de paz en Colombia, presidente estadounidense bailando tango en Argentina y protestas estudiantiles en Chile y México.

Estos sucesos están creando un entorno externo favorable para que la ciudadanía luche por sus derechos e intereses. Esto quiere decir, entre otras cosas, que lo que hace falta es empoderar a la sociedad salvadoreña para que tenga un peso equivalente al del poder político y económico. En pocas palabras, el futuro de El Salvador depende de que la ciudadanía y sus expresiones persuadan a los paladines del gobierno (neoestatistas) y del mercado (neoliberales) sobre la conveniencia de dialogar y construir un plan de país.

Ciudadanización significa fortalecer la organización y acción colectiva para incidir en las decisiones que afectan la vida de los salvadoreños. En este marco y dado que los gobernantes siguen sin atacar las causas determinantes de la violencia delincuencial, el enfoque ciudadano plantea identificarlas y abordarlas inteligentemente. Esta orientación conduciría a que el gobierno mejorara la investigación y coordinación interinstitucional, y realizara la coerción con mayor precisión y efectividad.

La ciudadanización tiene iracundos opositores, entre quienes se destacan los actores que se lucran de los negocios que giran alrededor de la inseguridad. Es lógico, entonces, que los patrocinadores de la militarización planteen las medidas excepcionales como el principal procedimiento para frenar la violencia delincuencial en el corto plazo. En contraposición, la ciudadanización argumenta que lo decisivo es aplicar la ley a los jefes de los negocios indebidos y frenar las corrientes monetarias relacionadas con la extorsión, tráfico ilegal de personas y armas, narcotráfico y otros ilícitos. Es decir, el éxito no está en enviar más soldados a las calles, está en cortar los millonarios flujos financieros y neutralizar a los directores del crimen.

La ciudadanización se distingue por dinamizar el respaldo de la población a la aplicación de la ley y la lucha contra la corrupción, impunidad y desigualdad. Consiguientemente, el enfoque ciudadano no es una imaginación, es una respuesta integral e institucional para derrotar a la criminalidad y cohesionar a la sociedad salvadoreña.

En síntesis, la decisión histórica está en optar por la militarización o la ciudadanización. La primera alternativa consolidaría el centralismo, propiciaría una mayor intervención de la Fuerza Armada en seguridad pública y debilitaría el Estado de derecho. La segunda enfatizaría la investigación, persecución y castigo del delito, regeneraría el tejido social local y ampliaría las oportunidades educativas y laborales de los jóvenes.

Tags:

  • estado
  • mercado
  • violencia
  • polarizacion

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