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Ciudadano digital y gobernanza electrónica

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Rafael Ernesto Góchez

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Hay más de 10 millones de aparatos telefónicos móviles en suelo cuscatleco, 91 % de las familias en El Salvador posee al menos un celular y más de 4 millones tienen acceso a internet. O sea, 6 de cada 10 connacionales pueden interactuar en redes sociales. Estos datos sugieren una difusión de internet, pero su uso es aún dispar entre quienes viven en el AMSS y el interior del país. Lo que es extraordinaria es la comunicación virtual entre los salvadoreños que viven dentro y fuera del país.

Los avances tecnológicos son un desafío. La ONU advierte sobre la brecha digital, la cual expresa la diferente cantidad y calidad de información a la que las personas tienen o no acceso y a las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). Por otra parte, la innovación tecnológica acelera el mundo, v. g. de las cinco principales marcas, solo Microsoft era una compañía tecnológica al iniciar este siglo; luego, ese podio se convirtió en las GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon); hoy, las empresas tecnológicas y la digitalización lideran el mercado global.

Esta transformación dio lugar al término "gobernanza electrónica" a comienzos del siglo XXI, el cual significa ampliar y fortalecer –con apoyo de las TIC– la capacidad de la administración pública de comunicarse con la ciudadanía y mejorar la atención al público. ¿Cómo? A través de un mayor acceso a la información, una mejor entrega de servicios y una efectiva rendición de cuentas.

El debate está en si la "gobernanza electrónica" fortalece o debilita los principios de una sociedad libre. Por ello, el Estado debería facilitar la incorporación de tecnologías digitales accesibles y utilizables por salvadoreños de cualquier nivel de instrucción, del área rural y de más de 45 años de edad. Habría, por tanto, que priorizar la inversión en infraestructura de internet, información y conocimientos informáticos.

Por otra parte, los estallidos sociales a nivel mundial indican que los gobernados están pasando de ser espectadores a ser protagonistas. En tal sentido y para promover la cohesión social en El Salvador, las organizaciones cívicas y la academia deberían aunar esfuerzos para formar ciudadanos con valores democráticos, actitudes positivas y aptitudes digitales. Tres pasos apuntan en esa dirección.

Paso 1. Superar las barreras técnicas, culturales y económicas para reducir la brecha digital. La inversión en conectividad tecnológica debería ser una meta nacional, así como la digitalización debería ser una estrategia para mejorar la calidad de los servicios y potenciar el emprendimiento.

Paso 2. Crear un ecosistema de digitalización basado en los cuatro elementos (gobierno, academia, sector productivo y organizaciones cívicas), para mejorar el acceso y uso de las TIC, computadoras y redes sociales. La clave es que las innovaciones beneficien a muchos en lugar de a unos pocos.

Paso 3. Aprender a aprender. Ahora se habla de alfabetización digital. El teléfono móvil pronto será obsoleto. Los wearables (aparatos electrónicos incorporados en alguna parte del cuerpo) desplazan a los dispositivos de mano. La frontera entre hombre y tecnología se desvanece (transhumanismo).

Conclusión: la voz y el accionar del ciudadano digital pueden contribuir a renovar la función pública y a tener un buen gobierno. De ahí la pertinencia de empoderar a los gobernados para que incidan y exijan profesionalismo, transparencia y efectividad en la administración pública. Conviene, entonces, formar y tener ciudadanos comprometidos con la solución de los problemas cotidianos.

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