Ciudadanos a punto de extinguirse

La mayoría de los ciudadanos hemos caído en un punto de inacción o de acomodamiento en circunstancias en las cuales el país requiere de liderazgo, trabajo, disciplina, cultura de paz, educación masiva, comprensión del fenómeno país, etcétera.
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El país tiene que reinventarse, ya no tiene otra salida: Gobierno, empresa privada, ciudadanía en general tienen que trabajar por una supervivencia digna. Los tomadores de decisiones, quienes sean, tienen que trabajar en un acuerdo nación, muy al margen del secuestro político que aparentemente hechiza al país. Digo esto porque observo muchas propuestas técnicas-apartidistas, pero pareciera que el rendimiento de las mismas ha empezado a perder eficacia.

Un amigo que escribe afirma: “Hay que centrarse en lo que queremos y abandonar el lastre de lo que tenemos y somos, en una estrategia de acción más efectiva”. En un contexto adverso como en el que esta sociedad está operando, ya no podemos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados. Ya no más propuestas que tomen en cuenta el despliegue del viento para que sean consideradas. Deberán ayudar al despliegue de la inteligencia, la creatividad y favorecer el trabajo en equipo. De esa manera existirán posibilidades de alterar la realidad de subdesarrollo e inequidad del país.

Pero para eso procuremos ser de los ciudadanos en extinción; porque si algo nos caracteriza a la mayoría de los ciudadanos de El Salvador de hoy es que todos buscamos lo nuestro y un accionar a lo Maquiavelo “el fin justifica los medios” en un accionar que se busca a quien se las pague en un accionar cotidiano que la persona vive para sí misma, sin percatarse si lo hace por defensa propia o por egoísmo en los linderos de un egocentrismo.

Ese egoísmo ha rebalsado a tal grado que la sociedad se asemeja a una olla de cangrejos, los cuales al querer salir de la misma se apoyan uno en otro, provocando el hundimiento colectivo en lugar de un ordenamiento inteligente que les facilite la salida a todos. Le escuchaba a un servidor de una iglesia: “Olvídese de Usted mismo y Dios se preocupara por Usted”. Debemos de servir por amor, siervo en el trabajo, siervo en el hogar, siervo al país, sin importar qué lugar ocupemos, sin importar que salgamos en la fotografía, en resumen, sin que nos importe el aplauso y el reconocimiento.

Debemos de ser ciudadanos y escalar posiciones por la calidad de carácter sin esperar prebendas de ningún tipo, mucho menos de orden político; con una ausencia de egoísmo para gozo interno y tranquilidad espiritual y nunca por afán de notoriedad. No hay que acarear agua para su propio molino, disfrazando la hipocresía con el ropaje del servicio egocéntrico y enseñoreado.

Los ciudadanos practicando la política deben de aspirar a ser servidores por excelencia, por ser el funcionario o empleado público la ocupación idónea para el servicio a la colectividad y los llamados a evitar ser servidores egocéntricos. Deben destacarse precisamente por ser ciudadanos a punto de extinguirse por sus cualidades mismas, completamente diferentes a esos que se destacan por pretender ser: ilusionistas, ansiosos de halagos, reconocimientos y con afán de ganar adeptos.

Todos deberíamos tratar de ser esos ciudadanos que conformen una sociedad que deje un legado a la siguiente generación. Perdone, señor lector, si la imagen que le dejo es la de un escritor que ha perdido la razón, puesto que voy contra el viento, pero es que con la edad me he vuelto soñador y aspiro a ser un ciudadano a punto de extinguirse.

Tags:

  • acuerdo de nacion
  • subdesarrollo
  • inequidad
  • egocentrismo

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