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Claves para una educación de primer mundo

“Claves para una educación de primer mundo. Primero, los maestros deben dominar totalmente lo que enseñan, ahora muchos salen mal en la PAES, remunerarlos muy bien y exigirles igual, que tengan un alto reconocimiento en la sociedad.”
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Una educación de primer mundo, adoptando las mejores prácticas de los mejores países del mundo en educación, nos llevará inevitablemente a la calidad de lo que se enseña en el aula, a las horas anuales de clases y al más evidente de los factores: la calidad de los maestros.

Nos llevará adicionalmente a preguntarnos qué tipo de alumno es el que deseamos preparar. En la antigua Grecia buscaban gente que pensara y tuviera valores cívicos y eso sigue siendo válido miles de años después. Y examinándonos salta rápido que somos altamente deficitarios en ambas categorías.

No es un asunto lírico. Ciudadanos con valores que saben pensar crean una mejor sociedad.

En el siglo XXI en un país pobre, con pocas oportunidades, en un mundo globalizado nuestros jóvenes necesitan ser educados en conocimientos y habilidades que les permitan mayores oportunidades de abandonar la pobreza, de progresar, de incorporarse a una fuerza de trabajo de nivel mundial, compitiendo con chinos, japoneses, irlandeses, indios y de todas las nacionalidades, de obtener más empleos y de mejor calidad.

El conocimiento se encuentra disponible manteniéndose al día en internet, mayormente en inglés. Los mercados laborales privilegian a quienes tienen dominio de alto nivel de matemáticas y ciencias, que generan creatividad. Eso no es nada nuevo, pues se repite en cuanto estudio y ensayo de competitividad y educación se publica mundialmente. No hay mucho que discutir. En ambas categorías estamos rezagados toda el área, pero no debemos conformarnos con ser iguales o mejores que los del área, eso sería continuar pensando con mente estrecha y no con la ambición de llegar hasta lo más alto de la montaña en lugar de conformarnos con subir los primeros metros.

Asumiendo que debiera ser fácil que la mayoría del país acepte desear una educación de primer mundo para las siguientes generaciones, para que las mayorías menos favorecidas salgan de la marginación y suban a otro nivel, debemos preguntarnos: ¿Tenemos las condiciones para hacerlo ahora? La respuesta evidentemente es no.

Entonces identifiquemos los elementos clave para iniciar el proceso: lo primero es la formación de un grupo diverso, conocedor, comprometido, la masa crítica que se acometa a la tarea de diseñar y diseminar un programa de nación de largo plazo.

Eso debe impulsarlo el ministro de Educación, pero no manejarlo el Gobierno so pena de fracasar inmediatamente. Los 16 meses que le quedan al actual Gobierno es buena época para mover gente de diferente signo político a un diferente estado mental y enfocarse en lo relevante de largo plazo, abandonando la coyuntura que agobia y no permite discernir suficiente para unir y trascender.

El elemento más importante son los maestros. Lo que enseñan deben dominarlo y no es el caso actual: las materias. Evaluando nuestra plantilla de maestros se revela fácilmente que la mayoría no domina inglés, computación y son deficitarios en matemáticas y ciencias. En sus PAES encontramos notas realmente bajas en una buena cantidad.

Procede entonces una profunda reforma de reeducación a los actuales y preparar nuevas legiones de maestros educados de la forma adecuada. Debemos planificar para que sean remunerados muy bien, de acuerdo con su alta responsabilidad de moldear nuestra mejor materia prima para hacer un mejor país. Asimismo, exigir rendimiento de acuerdo con eso. Hacer que la profesión de docente sea muy solicitada por su alta remuneración y el reconocimiento de la sociedad, esto atraería a mucho de lo mejor en el país, como en Finlandia y países líderes.

Es necesario regresar creativamente a las escuelas normales. La primera acción debería ser devolver al magisterio la antigua Escuela Normal que ahora es un cuartel. Eso marcaría un ejemplo fuerte y significativo.

Aquí tenemos algunos elementos clave para iniciar el debate y el proceso. ¿Le entramos, Sr. ministro?

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