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Comencemos a vivir

Cierta mañana, durante mi acostumbrada caminata matutina, me encontré con un amigo con el cual conversamos mientras caminábamos. En el trayecto la plática giró en torno a que notábamos que una gran mayoría de salvadoreños viven preocupados de lo que está ocurriendo en su presente vivir. Las condiciones de zozobra en cuanto a la inseguridad, la falta de empleos, el bajo crecimiento económico, la ausencia de inversión, la violencia generalizada, en fin, de un futuro que se ve con cierta desidia.

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Joaquín Rivas Boschma / Gerente de Comunicaciones, Banco Agrícola

Joaquín Rivas Boschma / Gerente de Comunicaciones, Banco Agrícola

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Este amigo me dijo que había leído un libro que lleva por título “Cómo dejar de preocuparse y comenzar otra vez a vivir”, sobre el cual me envió una parte del mismo para leerlo. Resultado de la lectura, es este artículo que pretende dejar en el lector una profunda reflexión acerca de comenzar a vivir; aprovechar la coyuntura del momento electoral, no para formar parte del circo que montan los candidatos, sino para realmente conocer cuáles son nuestros derechos como ciudadanos ante los diputados, alcaldes, asesores y concejos municipales.

Comencemos por conocer cuál es nuestra participación ante el cuerpo de legisladores, sobre qué debemos demandarles de su trabajo en favor de nuestros intereses como personas. De esta forma hay que procurar que los diputados estén siempre en actividad, trabajando de cara a las demandas que les hagamos como población, y así evitaremos que les abunde la ociosidad mental que resulta ser el caldo de cultivo en que fructifican las ideas perversas y se siembran ideologías que únicamente favorecen intereses partidistas. Mantengamos, tanto diputados como alcaldes, ocupados en proyectos que sean de interés de las comunidades que representan y que deben de resolver durante su período de trabajo.

Un segundo aspecto de comenzar a vivir es declarar la guerra al perfeccionismo. Lo perfecto es enemigo de lo bueno, suele decirse, y para salir adelante hay que comenzar planteando objetivos alcanzables que conduzcan a desarrollar soluciones que puedan ser fácilmente implementadas, tanto en tiempo como en dinero, y cuyo resultado favorezca a las grandes mayorías.

El tercer factor es actuar. La acción mata juicio y preocupación. De ahí la importancia de no dejarse seducir tanto por las promesas de los candidatos, sino de conocer por qué y para qué les vamos a elegir. Demandémosles en sus campañas a que respondan acerca de las acciones positivas que van a ejecutar contra lo que causa la preocupación generalizada de la población; es imperativo dejar de debatir y empezar a hacer que las cosas sucedan. Es mera voluntad política lo que muchas acciones necesitan para llevarse a cabo.

Finalmente, para comenzar a vivir es necesario mirar hacia el futuro. Lo que hemos hecho en el pasado como nación no puede borrarse y por ello deben abandonarse las posiciones de mirar hacia atrás. Es mejor afinar la visión hacia el porvenir y mirar el futuro desafiándole, retándonos a superarlo. Todos, sin excepción queremos vivir en un país mejor y para ello debemos dejar a un lado nuestras preocupaciones y comenzar a vivir, enfrentando las condiciones en las cuales vivimos, y aportando en plantear las posibles soluciones y responsabilizándonos que los nuevos diputados y alcaldes, desde sus puestos, atiendan las demandas con acciones, sin tintes partidarios, con menos palabras pero con suficientes hechos.

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