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Cómo afrontar una nueva era

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El pueblo y sistema electoral estadounidense le dieron la victoria a Donald Trump el pasado 8 de noviembre y lo convirtieron en el inquilino número 45º de la Casa Blanca, acompañado por su nº 2, Mike Pence. Los republicanos también se hicieron del control del Congreso y el Senado. A partir de entonces ha habido diferentes reacciones a nivel mundial. Asimismo, numerosos jóvenes se han manifestado en varias ciudades estadounidenses para expresar su sentir y pensar en la medida que se pretendan implementar políticas racistas, sexistas, xenofóbicas y antiambientales.

En este contexto y dada la importancia que tiene EUA para El Salvador (remesas, exportaciones y uno de cada cuatro compatriotas viviendo en suelo norteamericano), es razonable que los salvadoreños estén preocupados ante una amenazadora deportación. Al respecto, conviene entender que El Salvador no puede intervenir en los asuntos internos de otro país. Lo que puede hacer es velar por el respeto de los derechos de los migrantes.

¿Qué más se puede hacer? (1) Comprender la nueva política hemisférica de EUA y establecer prioridades de corto y mediano plazo. (2) Dejar de echarle la culpa al imperialismo yanqui de las desacertadas decisiones y políticas nacionales. (3) Fortalecer los programas de incorporación de deportados y precisar el tratamiento a repatriados con antecedentes criminales. (4) Desarrollar capacidades institucionales para agilizar la aplicación de normativas internacionales que protegen los derechos de migrantes y sus familias. (5) Ser parte de esfuerzos hemisféricos para evitar que se complete la construcción del muro en la frontera EUA-México.

Además de estos cinco puntos y ante tan compleja situación, a continuación se presenta un conjunto de acciones que los sectores público y privado podrían ejecutar para salir adelante.

Acción 1. Abandonar la polarización y abrazar el diálogo. El Salvador no tiene tiempo ni recursos para seguir desgastándose en una estéril confrontación ideológica-electoral y una parálisis económica. Urge, entonces, avanzar hacia un entendimiento básico e infundir esperanza.

Acción 2. Aprovechar la coincidencia de intereses entre EUA y El Salvador de combatir la corrupción, impunidad y criminalidad. Consiguientemente, habría que reforzar la aplicación de la ley, dinamizar la participación ciudadana y desmontar el centralismo.

Acción 3. Impulsar la cooperación público-privada e invitar a la comunidad internacional a sumarse a esfuerzos conjuntos para ampliar las oportunidades educativas y laborales de jóvenes en sus lugares de origen.

Acción 4. Apoyar iniciativas latinas en EUA para (i) regular la situación migratoria de compatriotas indocumentados, (ii) procurar la reintegración familiar de los migrantes, y (iii) abordar responsablemente el fenómeno de los niños inmigrantes no acompañados.

Acción 5. Implementar una estrategia para sostener las ventas de productos salvadoreños en el mercado estadounidense, facilitar la entrada de “remesas productivas” y mejorar las relaciones comerciales con México, Centroamérica y Colombia. Esto es clave ante un probable giro de EUA hacia políticas proteccionistas.

Conclusión: con o sin Trump, El Salvador está envuelto en una crisis política; con o sin Trump, los salvadoreños deberían superar la actual crisis por la vía democrática; con o sin Trump, El Salvador debería terminar con la polarización, ordenar las finanzas públicas y mejorar el clima de inversiones. De realizar estas tareas, el país estaría en mejores condiciones para amortiguar los efectos y aprovechar las oportunidades que genere la administración Trump.

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