¿Cómo atraer más inversión a El Salvador?

El Salvador tiene más de una década de ser el país cuya economía crece más lentamente en Centroamérica. Una forma de acelerar el crecimiento económico es atraer más inversión extranjera directa. Según datos de la CEPAL, El Salvador recibió en 2015 flujos netos de inversión extranjera de $429 millones, la mitad de lo que recibió Nicaragua, un tercio de lo que recibieron Honduras y Guatemala, un sexto de lo que recibió Costa Rica, y un décimo de lo que recibió Panamá.
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El primer paso para establecer una estrategia de atracción de inversiones es definir la meta correcta. El Plan Quinquenal de Desarrollo del Gobierno de El Salvador establece una meta de “aumentar la IED en 5 %”, lo que algunas instituciones interpretan como 5 % del PIB en cinco años, redondeándolo a $300 millones anuales. Esto es menos del promedio alcanzado en los últimos diez años, y claramente insuficiente para cambiar el futuro del país. La aspiración más ambiciosa de atracción de inversiones la propuso un documento del Banco Central de la Reserva con $593 millones en 2016. Esto es todavía menor a lo que logró el segundo país que menos IED atrajo en la región en 2015. Si seguimos tratando de hacer lo mismo que en el pasado, seguiremos creciendo al 2 %. Para igualar el desempeño de nuestros países vecinos debemos atraer $1.0 billones (mil millones) en el año 2017 y $1.3 billones en el año 2018.

El segundo paso en la definición de la estrategia involucra asegurarse que los inversionistas que ya están en El Salvador, nacionales y extranjeros, no se vayan. El gobierno debe escuchar constantemente al sector privado para remover las barreras del entorno de negocios que detengan el crecimiento y reinversión. Por ejemplo, me sorprendió la queja de un inversionista sobre la carencia de cuartos refrigerados adecuados en el aeropuerto. Corregir este problema es relativamente fácil, y debería ser parte de la agenda de competitividad del país. Para detectar ineficiencias como estas, es fundamental que el gobierno tenga la actitud correcta ante las peticiones del sector privado. En última instancia el crecimiento y la creación de nuevos empleos dependen del éxito de las empresas que operan en el país.

El tercer paso es entender las ventajas competitivas de El Salvador para seleccionar las empresas extranjeras más propensas a invertir en el país. El Salvador tiene múltiples fortalezas, pero quiero destacar tres. Primero, el país tiene uno de los mejores aeropuertos de la región. Segundo, El Salvador ofrece una tarifa industrial de energía eléctrica que está entre las más bajas de Centroamérica. Tercero, la nación salvadoreña tiene una fuerza laboral muy productiva. Estas ventajas, que eran más pronunciadas hace veinte años, están amenazadas. CEPA tiene que subsidiar con el superávit del aeropuerto las operaciones deficitarias del puerto de La Unión y del ferrocarril. Esa es una carga que no tiene el aeropuerto de Tocumen en Panamá, que es el rival más importante en la región. La tarifa de energía eléctrica no puede sostenerse si es subsidiada por el Estado. Y la fuerza laboral se erosiona con la emigración. Con estas fortalezas, El Salvador debería ser un país anfitrión de industrias intensas en mano de obra y energía eléctrica, y de empresas de productos de alta densidad de valor y perecederos que requieran de logística aérea.

Por último, es importante que el país cuente con la institución y el liderazgo apropiados para atraer inversiones. La institución designada debe contar con el presupuesto correcto y personal que domine la jerga e idiomas de los negocios internacionales. El desempeño de esta institución y el de sus líderes debe ser medido en función del alcance de las metas de atracción de inversiones.

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