Lo más visto

Como casi todas las sociedades del presente, la nuestra está necesitando un saneamiento integral y definitivo

El que la política se halle tan contaminada y distorsionada impide que todas las demás esferas del entramado nacional desplieguen sus energías y definan sus proyecciones.
Enlace copiado
Como casi todas las sociedades del presente, la nuestra está necesitando un saneamiento integral y definitivo

Como casi todas las sociedades del presente, la nuestra está necesitando un saneamiento integral y definitivo

Como casi todas las sociedades del presente, la nuestra está necesitando un saneamiento integral y definitivo

Como casi todas las sociedades del presente, la nuestra está necesitando un saneamiento integral y definitivo

Enlace copiado
La Globalización ha venido actuando, sin que nadie se lo imaginara y mucho menos se lo propusiera así de antemano, como la apertura progresiva de una inmensa Caja de Pandora. Esto implica que la humanidad de nuestros días vive una cadena de sorpresas de toda índole, la mayoría de ellas imprevisibles conforme a lo establecido a lo largo de tiempo. Antes de que la bipolaridad mundial implosionara en 1989, parecía –como hemos recordado tantas veces para que no se pase por alto en la evaluación del fenómeno actual– que la línea histórica del futuro estaba clara y definitivamente marcada; pero lo que ha sucedido después ha demostrado lo contrario, sin que nadie sea capaz de evitarlo, pese a que el airado surgimiento de los fanatismos polarizantes está poniéndose de moda prácticamente en todas partes.

Si algo se hace ver y sentir en este presente tan convulso que nos toca vivir es la inseguridad que traspasa fronteras expansivamente. Ya no se trata de aquellas formas de presunta inseguridad extrema que tenían características casi histriónicas, como era la amenaza de la “guerra nuclear”, que por supuesto siempre se detenía a tiempo y a gusto de las superpotencias, como ocurrió con la caricaturesca “crisis” cubana de los misiles en 1962. La inseguridad actual ya no tiene el auxilio fantasmagórico de un “teléfono rojo”, porque ya nadie está en capacidad de decidir la suerte global con una señal o con una llamada. Esta inseguridad de nuevo cuño es una especie de onda expansiva que, como las expresiones imprevisibles del clima físico, se hace valer como quiere y donde quiere, dejándonos a merced de ese vaivén inmanejable.

Así las cosas, cada sociedad tendría que hacer sus propias autovaloraciones para saber enfrentar los desafíos que acarrea esta hora del proceso histórico global. La historia tampoco tiene fronteras en el presente, lo cual desnuda como nunca antes un fenómeno que parecía siempre envuelto por los cortinajes de la ficción evolucionista: la naturaleza humana está siempre detrás de todo, sin hacer mayores distingos por lo que se ha dado en llamar grados de desarrollo. En estos días, los brotes de irracionalidad que vemos aparecer por doquier, aun en las sociedades aparentemente más civilizadas, demuestran que el ser humano necesita evolucionar de veras en todas partes, y no sólo en lo material, sino sobre todo en lo espiritual y en lo anímico. Llegar a esta sana conclusión de recorrido es, sin duda, un avance en la ruta del verdadero progreso.

El caso específico de las emigraciones-inmigraciones convertidas en corrientes caudalosas por la presión de las circunstancias nos ubica a nosotros, los centroamericanos, en una de las primeras líneas del traumatizante acontecer global. Las migraciones no sólo son producto de las condiciones de violencia y de inseguridad que se alzan como oleajes turbulentos por doquier: en buena medida responden también, y de manera determinante, al imperativo de ir al encuentro de mejores condiciones de vida que las que pueden avizorarse en los países de origen. Se trata, pues, de un acontecer multicausal, en el que hay que considerar todos los factores incidentes para poder enfocarlo y procesarlo como se debe. Las posiciones obsesivamente autodefensivas, como las que se ven hoy en Europa y en Estados Unidos, no son congruentes con el acontecer real en perspectiva.

En lo que toca a El Salvador en específico, nuestra problemática propia demanda un autorreconocimiento inmediato, sincero y profundo de lo que somos, de lo que tenemos y de lo que podríamos lograr si se reenfocan todas nuestras realidades internas en juego con las realidades internacionales. Así como están las cosas, resulta indispensable entrar en fase de saneamiento integral de todo lo que hay en el ambiente, comenzando por la política, que es la gestora natural del ejercicio evolutivo. El que la política se halle tan contaminada y distorsionada impide que todas las demás esferas del entramado nacional desplieguen sus energías y definan sus proyecciones. Y precisamente porque hay tantas posibilidades abiertas a la renovación constructiva es que los apremios de cambio real se hallan tan activos.

Este cambio no tiene nada que ver con el “cambio” propagandístico de corte ideológico. De lo que se trata es de visibilizar y de viabilizar la esencia nacional en sus diversas expresiones, para así trabajar en ella como en un material del más alto valor. Los salvadoreños ya no podemos continuar “asumiendo demencia” frente a nuestra condición de sujetos con destino propio. Es decisivo entrarle en serio a la labor de rescate virtuoso de todo lo que El Salvador representa, y en tanto más pronto se haga mayores serán los beneficios.

Tags:

  • globalizacion
  • politica
  • polarizacion
  • guerra nuclear
  • misiles
  • cuba

Lee también

Comentarios