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¿Cómo celebrar el Día del Niño?

El 1.º de octubre se celebra el Día del Niño en El Salvador. En torno a esto se genera toda una parafernalia que incluye celebraciones en las instituciones educativas en donde estudian infantes, los medios de comunicación masiva presentan investigaciones generalmente mostrando escenarios sociales en los cuales se reflejan situaciones de marcada pobreza y deprivación a las que se ven sometidos amplios sectores de niños y niñas.

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Un elemento que determina la forma como una sociedad trata a los niños y niñas es la concepción que de estos se tiene, conceptos que se ven reflejados en las actitudes hacia ellos. A lo largo de la historia se han generado diversas concepciones del grupo etario, aquí en mención se citan algunas: el niño como adulto en pequeño, como alguien poseedor de una maldad innata, como alguien dotado de una bondad innata, fue visto como propiedad, como un recurso que los adultos podían utilizar. En la actualidad se entiende a esta población como individuos en desarrollo. Los derechos humanos plasmados en la Convención sobre los Derechos del Niño lo definen como “Todo ser humano menor de 18 años”.

Dejando de lado la posible discusión de cuál o cuáles de esas concepciones son vigentes en la sociedad salvadoreña de estos días, lo importante es reflexionar sobre lo que implica ver a los infantes como personas en desarrollo. Significa que se están formando, que están caminando a convertirse en adultos y para esto, de manera indispensable e inaplazable, requieren referentes. Ese rol de modelaje corresponde a los adultos y esto supera sustancialmente la idea prosaica de entender que esto solo se reduce a satisfacer las necesidades materiales. Esto apunta, como dice el papa Francisco parafraseando el documento amoris laetitia (la alegría del amor), que los hijos deben sentir que son valiosos para sus padres. Cuando ya no perciben en sus padres esa expresión afectiva, su proceso de maduración emocional se ve sensiblemente dañado.

Es preocupante la forma de pensar presente de manera consciente o inconsciente en muchos adultos; ven de manera inconexa la infancia con el tipo de adolescente, de adulto que se obtiene como producto de la historia personal. Es un imperativo dejar de lado esa forma de ver y entender a los niños. Es hora de introyectar la perspectiva que sostiene que de la calidad de acompañamiento, de afecto que se les provea, depende el perfil de adulto que se tendrá mañana. No es al azar que los menores que provienen de escenarios familiares cuya dinámica es violenta, disfuncional, desestructurada terminan incorporándose a los grupos violentos cuyo actuar toda la sociedad lo padece, o, por otro lado, se convierten en adolescentes cuya existencia la determina la materialidad, el tener, sin motivación para generarse un proyecto futuro; en aras de este proceso reeducativo hay que sumarse a las filas de los que dicen que los niños no son el futuro, son el presente.

En conclusión, ¿cómo hay que celebrar el Día del Niño? Hay que celebrar la vida con los infantes –todos los días, no solo 1.º de octubre–, hay que transmitirles de manera vivencial que su existencia es motivo de alegría. Se deben evitar los castigos; es mejor reforzar las conductas que son deseables. Se debe cuidar la formación de una buena autoestima y se debe caminar a la par en la formación de valores y conceptos teológicos.

Felicidades, niños y niñas, felicidades todos los días. Ustedes encarnan la felicidad.

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