Cómo derechizar a un izquierdista

Quién mejor que él para enfrentar a aquellos que no toleran la crítica hacia esa izquierda adulterada o izquierdista.
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Cómo derechizar a un izquierdista

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<p>&nbsp;</p><p>He prestado textualmente el presente título de otro artículo escrito por el reconocido fraile dominico brasileño y teólogo de la liberación Frei Betto, el cual tuve la oportunidad de leer en el diario digital Contrapunto. <br /></p><p>Frei Betto ha sido y es una persona consecuente con su pensamiento de izquierda: vivió la cárcel y la tortura, se fue a vivir a los paupérrimos barrios o favelas, se mantiene en su austera celda del convento de los dominicos, fue asesor del presidente Lula y coordinador del Programa Hambre Cero, renunció al gobierno cuando sintió que abandonaba sus principios y promesas, premiado literaria e intelectualmente, autor de más de 50 libros, claro defensor de la autodeterminación de los pueblos. En fin, una persona consecuente con lo que piensa y vive.</p><p>Se podrá cuestionar su pensamiento, se podrá no estar de acuerdo con sus ideas, pero no se podrá dudar de su incuestionable y consecuente trayectoria de hombre de izquierda. <br /></p><p>Quién mejor que él para enfrentar a aquellos que no toleran la crítica hacia esa izquierda adulterada o izquierdista, que como dicen, pone la vía a la izquierda pero cruza a la derecha.</p><p>Qué mejor autoridad moral para denunciar la inmoralidad de los que usurpan y desprestigian el nombre de la izquierda. Sin lugar a duda una persona mucho más autorizada que un “pequeño burgués” como yo para criticar desde dentro las desviaciones de la izquierda. Por ello me he tomado el atrevimiento de citar algunas de sus frases, que hablan por sí solas. Cualquier parecido con nuestra realidad será pura casualidad.</p><p> “El izquierdista adora las categorías académicas de la izquierda, pero... no soporta el tufo del pueblo. Para él, pueblo es ese sustantivo abstracto que sólo le parece concreto a la hora de acumular votos. Entonces el izquierdista se acerca a los pobres, no porque le preocupe su situación sino con el único propósito de acarrear votos para sí o/y para su camarilla. Pasadas las elecciones, adiós que te vi y ¡hasta la contienda siguiente!”</p><p> “Como el izquierdista no tiene principios, sino intereses, nada hay más fácil que derechizarlo. Dele un buen empleo. Pero que no sea trabajo, eso que obliga al común de los mortales a ganar el pan con sangre, sudor y lágrimas. Tiene que ser uno de esos empleos donde pagan buen salario y otorgan más derechos que deberes exigen. Sobre todo si se trata del ámbito público. Aunque podría ser también en la iniciativa privada. Lo importante es que el izquierdista sienta que le corresponde un significativo aumento de su bolsa particular.”</p><p> “Así sucede cuando es elegido o nombrado para una función pública o asume un cargo de jefe en una empresa particular. De inmediato baja la guardia. No hace autocrítica. Sencillamente el olor del dinero, combinado con la función del poder, produce la irresistible alquimia capaz de hacer torcer el brazo al más retórico de los revolucionarios.”</p><p> “Buen salario, funciones de jefe, regalías, he ahí los ingredientes capaces de embriagar a un izquierdista en su itinerario rumbo a la derecha vergonzante, la que actúa como tal pero sin asumirla. Después el izquierdista cambia de amistades y de caprichos. Cambia el aguardiente por el vino importado, la cerveza por el güisqui escocés, el apartamento por el condominio cerrado, las rondas en el bar por las recepciones y las fiestas suntuosas... Su mayor desgracia sería volver a lo que era, desprovisto de halagos y carantoñas, ciudadano común en lucha por la sobrevivencia.”</p><p> “¡Adiós ideales, utopías, sueños! Viva el pragmatismo, la política de resultados, la connivencia, las triquiñuelas realizadas con mano experta... Me acordé de esta caracterización porque, hace unos días, encontré en una reunión a un antiguo compañero de los movimientos populares... Me preguntó si yo todavía andaba con esa ‘gente de la periferia’. Y pontificó: ‘Qué estupidez que te hayas salido del gobierno. Allí hubieras podido hacer más por ese pueblo’... Me contuve para no ser indelicado con dicho ridículo personaje, de cabellos engominados, traje fino, zapatos como para calzar ángeles. Sólo le respondí: ‘Me volví reaccionario, fiel a mis antiguos principios’.”</p><p>&nbsp;</p>

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