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¡Cómo han pasado los años!

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Es el título de una canción muy conocida por muchos contemporáneos, que hemos sido testigos presenciales de décadas de subdesarrollo y leído innumerables planes formulados para escapar de esa condena, que no pasaron de ser enunciados en voluminosos textos o declaraciones en simples panfletos políticos.

Los años han pasado y este país no ha logrado salir del subdesarrollo, ni tampoco alcanzar la democracia. Recordando un período, se me antoja sea 1932, año en que se inició una dictadura de 13 años y que se destacó por matanza y negación a las intenciones de educación de muchos ciudadanos. Curiosamente fueron años en los cuales existieron una serie de medidas que conjugaron lo bueno, lo malo y lo feo.

Se destacó, auxiliándome de Wikipedia, la enciclopedia libre, por la matanza, políticas apegadas a creencias teosóficas, movimientos diplomáticos durante la Segunda Guerra Mundial, la disminución significativa de la delincuencia mediante el uso de la fuerza, el saneamiento de las finanzas públicas, la creación de un banco estatal emisor de moneda, que sentaría las pautas para la puesta en práctica de las políticas monetaria, crediticia y cambiaria (de grata recordación), la venta de viviendas a bajo costo para campesinos, la reducción significativa de la deuda para personas al borde de la quiebra, la construcción de la carretera Panamericana y la cancelación de la deuda externa.

Se implementaron en esos años prácticas y políticas que dan lugar a controversias, convivieron los extremos de lo horrendo con alcances deseables para un país en búsqueda de desarrollo, sobre todo en el ámbito económico y de seguridad. Lo curioso de destacar, con las excepciones malévolas de la matanza y el negar la educación, que hay concreciones que requieren una cultura de disciplina (existen casos en la vida real); sea por medio de una dictadura o de una plena democracia. La bondad de los medios queda sujeta a una prueba de factibilidad y a la prioridad de los objetivos de estabilidad económica y seguridad ciudadana.

Un ensayo de axioma de ese período, aplicado al presente: alcances estratégicos y de mucha envergadura requieren de extrema disciplina en culturas en las que se destaca la desobediencia, el engaño, la corrupción y la impunidad.

Lo cierto es que los años pasan con una velocidad increíble y después de aproximadamente 85 años estamos ansiando otra vez una sostenibilidad fiscal, extrañando el binomio perfecto, de aplicarse con eficacia, de la política monetaria y de la política fiscal (en stricto sensu) y en definitiva añorando crecimientos sostenidos con estabilidad financiera.

Desde entonces ha habido ensayos de todo: gobiernos militares, planificación económica, modelos, revolución, conciliación, democracia; no pasaron de ser amagos castrenses y apellidos de partidos políticos. También, continuidad de un solo partido con veinte años ejerciendo poder, con suficiente tiempo para implementar un modelo socio-económico y disfrutar de sus resultados; y una dolarización que debió requerir un plebiscito y que no alcanzó sus objetivos.

Con relación a lo último, se suscitó un fenómeno, una economía inerte o pasmada que no reaccionó a medidas como la dolarización, posiblemente por los problemas estructurales o culturales que actúan como impedimentos seculares. Al concluir 2016 nos encontramos con bajas notas otorgadas por calificadoras internacionales, debido a la falta de consenso en la Asamblea (ausencia de un acuerdo nacional), al inadecuado perfil fiscal y al incremento de la deuda. Cómo han pasado los años y la incógnita persiste: ¿se necesita una ciudadanía con disciplina inducida o por la búsqueda persistente de una democracia no alcanzaremos crecimientos económicos sostenidos, estabilidad financiera y seguridad ciudadana?

Tags:

  • democracia
  • subdesarrollo
  • dolarizacion
  • economia

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