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¡Cómo han pasado los años! (y III)

Efectivamente los años han pasado en este país como el flujo constante de agua en un manantial, la fecundidad alta, la migración se incrementa, la pobreza significativa, la politiquería también, pero para bendición de todos los salvadoreños: el sol todavía sigue saliendo.
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Las calles del centro de la metrópoli del país con alta densidad poblacional y vehicular. Infantes se perciben por doquier; jóvenes sin herencia de una educación media, reflejan al igual que ancianos: sobrevivencia. En gran parte, por ausencia de un legado de sus antecesores, pero por otra parte, por la pérdida de un afán de superación de la inmensa mayoría. Vegetan y afrontan la batalla de la vida.

Los suburbios no están lejos de las zonas residenciales y abastecen de operarios, mucamas, jardineros y guardianes. La densidad vehicular es en gran parte producto del incremento sustancial de vehículos usados, lo que podría interpretarse como una mejoría del ingreso por persona, al menos en el Gran San Salvador, o simplemente una escala de preferencia distorsionada, al mostrar una inclinación a adquirir un carro en vista de las extremas dificultades de movilizarse en transporte colectivo, aunque vivan en hacinamiento o en un entorno insalubre.

Esto es lo que observo desde la ventana de mi vehículo al regresar de un viaje de Orlando, Florida, donde fui a pasar vacaciones en un apartamento, en un sistema de tiempo compartido que adquirí hace más de 20 años. Cuando se retorna, no necesariamente del Viejo Continente, el país presenta su realidad: desorden en la terminal aérea, relajo en las aceras del aeropuerto, pésimo servicio al pasajero de la tercera edad (por fuerza hay que rentar una silla de ruedas con conductor incluido o levantar y cargar sus tiliches). En el trayecto de retorno se observa la infracción constante a las reglas del tránsito e indisciplina absoluta en la conducción, se rebasa a la izquierda y a la derecha, el que avanza es el más listo, como si los apurara una necesidad fisiológica.

Un paréntesis. La atención a los pasajeros en las líneas aéreas de hace unas décadas era muy satisfactoria. Hoy en día, como si lo llevasen de cortesía y como si fuese ganado vacuno a bordo. En una de las conexiones fui maltratado, me enviaron al fondo porque aparentaba no escuchar las instrucciones de la aeromoza y en una terminal aérea fui registrado en forma denigrante.

El respeto al prójimo es letra muerta, los buseros acumulando multas, se sigue quemando el dinero en las festividades de Fin de Año y siempre hay heridos por pirotécnicos. Por otra parte, la politiquería y la corrupción (el uso del erario como propio) en extremo agobiante y exacerbado, en detrimento de un balance fiscal, falta de un reconocimiento de la comunidad financiera internacional como sujetos de crédito, ausencia de una calidad de vida y satisfacción de intereses colectivos primarios. En tal sentido se hace más que necesario una amnistía partidaria para erradicar la polarización, instaurar la disciplina y dar paso a un renacer país, puesto que los años han pasado y se continúa en subdesarrollo exasperante.

Cómo sale del entrampamiento un país que no ha madurado con el pasar de los años y que a pesar de su edad cronológica no ha crecido y ya no tiene tiempo para reuniones cargadas de ego y de populismo que impiden acuerdos (muchos técnicos tienen la fórmula). Una necesidad: Señores políticos, renuévense y permitan que los salvadoreños alcancen la dignidad humana y puedan cantar con el corazón: “De hijos suyos podernos llamar”.

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