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Cómo motivar a los jóvenes para que en el país visualicen futuro promisorio

Los jóvenes, que actualmente son mucho más inquisitivos y exigentes que nunca, no van a conformarse con declaraciones o con discursos: lo que quieren oír y conocer son proyectos que tengan sustento y que generen motivación.
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La Prensa Gráfica

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La juventud salvadoreña viene siendo una de las grandes víctimas de la situación de inseguridad extrema que se vive en el país desde hace mucho tiempo; y es tristemente natural que así sea porque los niños y los jóvenes están, en sus respectivos momentos, armando las primeras piezas de su construcción existencial. El presente es, para los que se hallan en las primeras fases de su desarrollo personal, la plataforma inicial desde la cual hay que prepararse para el futuro, y si dicha plataforma es insuficiente e insegura lo que viene será de pronóstico reservado. No es extrañar, entonces, que entre la juventud haya tantas incertidumbres sobre lo que puede estar adelante, y eso se manifiesta de muchas maneras.

Mencionemos algunas de ellas: la tendencia a la deserción escolar, que fluctúa según los momentos, pero que constituye un signo muy revelador de la problemática que enfrenta la juventud en nuestros días; la caída de los jóvenes en las redes de la delincuencia organizada, que no pierde ocasión de mostrar formas fáciles y perversas de vivir sin esfuerzo aunque sea exponiéndose a los peores peligros; y la emigración a como dé lugar para escapar de las asfixias nacionales en busca de una vida mejor. Todo lo anterior proviene de que la juventud carece aquí de las opciones accesibles a las que tiene derecho.

El reto básico, pues, está en dinamizar de inmediato todos los mecanismos que sean necesarios para que las condiciones reales del país vayan entrando en mejoría creíble y verificable. Los jóvenes, que actualmente son mucho más inquisitivos y exigentes que nunca, no van a conformarse con declaraciones o con discursos: lo que quieren oír y conocer son proyectos que tengan sustento y que generen motivación. Y esto exige que se le dé vida a un plan generador de verdaderas oportunidades, con todos los elementos y componentes que apunten hacia una factibilidad comprobable.

Ahora que estamos ya dentro de una dinámica electoral en áreas vitales de la institucionalidad, como son la Asamblea Legislativa, la Presidencia de la República y los gobiernos locales, se hace particularmente oportuno presentarles a los jóvenes propuestas que posibiliten un escenario mucho más propicio para la autorrealización personal. Esas propuestas tendrían que ir acompañadas, desde luego, por un calendario muy preciso, a fin de que se pueda demandar inmediatamente después el cumplimiento de lo ofrecido con fechas concretas.

Lo que llamamos futuro promisorio es la posibilidad cierta de emprender proyectos de vida que no estén regidos por el azar o por la ocasionalidad, sino que se inserten en un esquema de oportunidades que sean a la vez definibles y realizables. Si esto se empieza a ver con características de certidumbre y de consistencia, de seguro se irán abriendo espacios para que los jóvenes elijan permanecer satisfactoriamente en el país, en vez de caer en las trampas envolventes que son hoy tan comunes aquí y en todas partes. Hay que proveerle a la juventud las herramientas de su propia superación, para que con ello la realidad del país vaya entrando en un rumbo de auténtico progreso.

La motivación de los jóvenes es una tarea de primer orden que no puede quedarse en las divagaciones actuales. Aquí hay un compromiso de país que todos debemos asumir.

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