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Como quisiera estar libre de pecado…

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Alberto del Cid

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La culpa desde el inicio es mía, y no porque he hecho cosas malas por el país (como lo hacen algunos funcionarios de manera adrede) sino porque nunca he hecho realmente nada positivo y relevante para poder dar un cambio a todas las atrocidades que vemos que suceden en nuestro país.

La culpa es mía, por no escuchar los consejos de las grandes mentes de la historia de nuestro planeta como un Mahatma Gandhi que fue abogado, pensador y político hinduista. Pacifista devoto, que enseño cómo llegar a los corazones de todo un pueblo de una manera fuerte, estable pero no hostil. Pero en lugar de eso tengo a 84 diputados o padres de la patria exigiendo de mil maneras aumento de salarios o bonos, más vacaciones u otros beneficios.

Ahora les quiero preguntar algo: ¿la culpa es de ellos o de nosotros? Yo lo veo fácil, no sé ustedes, pero quiero contarles una comparación un tanto grotesca pero verídica. La gran mayoría de las personas que tiene un perro en el país, lo compraron para una finalidad "que nos cuide" (entre muchas otras más: que se mira bonito, que es de buena raza, que me lo recomendaron, que cuando lo conocí me encanto, etcétera). Pero a los perritos hay que educarlos, y no permitir que se coman los muebles, que muerdan la mano que les da de comer, hay que sacarlos a pasear y un sinfín de cosas.

Entonces, cambiemos el concepto "del perrito" y sustituyámoslo por el de un funcionario, como un padre de la patria, el concepto al final sigue siendo exactamente el mismo: [email protected] elegimos porque nos gustó, porque nos lo habían recomendado, porque se miraba mejor que los demás, pero la finalidad de su elección es para que nos cuide, o sea para que exija y defienda nuestros derechos como salvadoreños. Pero lo que estamos viendo es que están aprobándose más dinero para sus próximos términos, están cambiando sus carros o camionetas constantemente, se van de viajes que realmente no colaboran con el progreso y desarrollo del país, y por si fuera poco y esto es lo que más me duele: mienten a las personas más humildes para lograr sus votos.

¡Por eso es que sigo diciéndome, la culpa es mía! ¡Pero realmente no es solo mi culpa, es nuestra culpa! Arrepentirnos no significa que lloremos, significa que cambiaremos. Y eso es precisamente lo que tenemos que hacer, tenemos que exigir a cada uno de nuestros representantes que se nos escuche formalmente, pero como estamos tan decepcionados de nuestro sistema que hacemos caso omiso de nuestras obligaciones como salvadoreños. Aquí como en cualquier lado del mundo votamos, y es nuestro deber el hacer que nuestros funcionarios elegidos por nosotros mismos trabajen para nosotros, trabajen para nuestra comunidad, trabajen para El Salvador no para sus intereses propios.

¡Nuestra generación estará arrepentida por muchos años, y no por lo que hizo el Gobierno en los últimos 30 años, sino porque nosotros los dejamos hacerlo!

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