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Como se viene señalando con insistencia, El Salvador está urgido de mejorar su competitividad de acuerdo con las dinámicas actuales

Hay que abrir muchos candados, tanto mentales como procedimentales, para poner al país en la ruta del despegue. Así como estamos no hay forma de salir adelante, y esto lo tendrían que reconocer con plena responsabilidad todos los actores nacionales.
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Nuestro país viene sufriendo diversos estancamientos sobre todo en el curso de los años más recientes, y esto deriva del hecho cierto de que no se han tomado las medidas adecuadas y oportunas para que nuestra realidad productiva y competitiva se ponga al hilo con la dinámica de los tiempos que corren. Es evidente que se desaprovechó en forma injustificable el impulso generado por la conclusión del conflicto bélico que estuvo en el terreno por más de una década. Hubo un ímpetu inicial, pero ya en 1995 las energías comenzaron a desactivarse, y desde entonces no hemos podido levantar cabeza. Eso es una pérdida histórica irrecuperable; pero lo peor sería seguir en las mismas: lo que hay que hacer ya sin más demoras es ponernos en acción reconstructiva, como sociedad y como institucionalidad, para empezar a salir de los atolladeros que nos mantienen estancados.

Las mediciones internacionales sobre efectividad y competitividad son llamamientos continuos a ponerle atención en serio a las dificultades que padecemos. Por ejemplo, en el ranking del Foro Económico Mundial (WEF) El Salvador ha descendido 10 posiciones y se halla en el puesto más bajo de Centroamérica; y en el Doing Business Report del Banco Mundial de 2016 a 2017 hemos bajado 9 posiciones. En realidad, nuestra competitividad viene estando en crisis desde hace ya bastante tiempo, y esto se vincula estrechamente con la ineficiencia productiva que nos aqueja. Temas cruciales como la inseguridad, la corrupción, la inoperancia institucional y la debilidad del Estado de Derecho nos marcan negativamente; y por ello se hace indispensable hacer una revisión integral, tanto correctiva como reconstructiva, de tal forma que se puedan ir superando los vicios y los trastornos existentes en función de una nueva dinámica de país.

La competitividad, que es pieza absolutamente clave para el desarrollo, no es sólo un punto de naturaleza económica; en verdad, un país es competitivo cuando todas sus energías se ponen en línea con el debido aprovechamiento de sus posibilidades reales. La productividad puesta al día constantemente y la viabilidad institucional asegurada por la sana práctica democrática son elementos cruciales para que se pueda salir adelante de manera sistemática. Hay que abrir muchos candados, tanto mentales como procedimentales, para poner al país en la ruta del despegue. Así como estamos no hay forma de salir adelante, y esto lo tendrían que reconocer con plena responsabilidad todos los actores nacionales.

¿Qué mensaje estamos dando si ni siquiera se pueden consolidar acuerdos razonables y sostenibles en el apremiante y sensitivo tema fiscal? Hay que enviar mensajes claros y creíbles de que nuestro país funciona, porque si no es así la inseguridad interna seguirá creciendo y la capacidad de atraer inversiones y de mover voluntades de apoyo internacional continuará siendo precaria. Este no es un punto de política parcializada, sino una cuestión estrictamente nacional, en la que todos los salvadoreños tenemos que poner la parte que nos corresponde.

El tiempo apremia, y si las cosas se dejan estar habrá cada vez menos salidas disponibles hacia ese país funcional y progresista que debemos y merecemos tener.

Tags:

  • estancamiento
  • competitividad
  • inoperancia institucional
  • estado de derecho

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