¡Comparemos! (I)

Conmemorando el 24.º aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz
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Conmemorando el 24.º aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, llegaron discursos plagados de anécdotas pintorescas, coloridas y hasta jocosas, fotografías tipo antes y después de los importantes ciudadanos que participaron y sobreviven a ese momento por demás histórico y, esperemos que irrepetible, de nuestra vida política.

El momento reúne en un resplandor fugaz el inicio y el final de un evento, la intemporalidad de lo importante y lo trascendente del momento... pero exige la valoración realista y dolorosa de los efectos obtenidos después de los enormes sacrificios de los tres participantes:

1) la guerrilla con sus asesores políticos y milicianos, dentro y fuera de nuestro territorio; 2) el ejército y los cuerpos de seguridad de ese entonces, sus asesores, mandos y políticas nacionales e internacionales; y 3) el más invocado como importante pero tan poco respetado antes y después, el pueblo salvadoreño.

Ese Juan Pueblo que fuimos todos los no combatientes, hombres y mujeres que salíamos a ganar el sustento con el pensamiento en el máximo anhelo de poder regresar vivo al lado de nuestras familias sorteando los tiroteos y emboscadas entre los otros dos bandos, las bombas en los teléfonos y postes, quemas de autobuses, las redadas indiscriminadas a medianoche para adoctrinar y reclutar jóvenes campesinos o para llevárselos acusándoles de colaborar con la guerrilla, etcétera.

Dolor y horror que nos hacen creer que estamos mucho mejor, como dijo un respetable señor “firmante”. No lo aceptemos si no, comparemos...

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