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Compromiso con ética, transparencia y combate a la corrupción

El horizonte común al que debemos apostarle como protagonistas del país que viene debe encontrar como eje transversal la integridad en el ejercicio de los distintos roles que desempeñemos, que en nuestro actuar estén presentes inequívocamente los principios propios de la ética, transparencia y el combate a la corrupción.
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Como generación emergente estamos llamados a asumir con entusiasmo y valentía el reto antes descrito; y a partir de ello construir un verdadero relevo generacional programático en las distintas esferas de nuestra sociedad, marcando un certero punto de inflexión que encuentre en su base el interés honesto, genuino y legítimo de sumar esfuerzos para sacar adelante a nuestro amado país.

Debemos estar conscientes de que dichos espacios no nos corresponden en automático por el solo hecho de ser jóvenes; los mismos deben ser conquistados a través de esfuerzo, dedicación y, sobre todo, a partir de la determinación con que perfilemos nuestras legítimas aspiraciones de construir tanto el horizonte común como el país que viene y que tanto anhelamos.

Fueron precisamente dichas aspiraciones las que, a principios del año 2011, me llevaron a organizarme en la Asociación de Jóvenes Líderes Solidarios y Voluntarios de El Salvador, espacio desde el que, con muy pocos recursos, hemos podido incidir de gran manera en la construcción y consolidación del acervo normativo y la institucionalidad que actualmente regula el devenir de la población joven en nuestro país.

Ahora bien, volviendo al punto de partida del eje transversal de la integridad que se espera de nuestra generación, debemos apostarle decididamente a la vivencia e interiorización de los principios de la ética: probidad, igualdad, imparcialidad, justicia, responsabilidad, decoro, eficiencia y eficacia.

Nuestra generación está llamada a impulsar la enseñanza y divulgación de tales principios en las nuevas generaciones, pues es en ellas donde están depositadas las esperanzas de consolidar nuestro horizonte común, y, por ende, debemos forjarles con sólidos cimientos éticos que les otorguen la convicción necesaria para asumir al más alto nivel los retos que a futuro encontrarán.

El segundo pilar fundamental en el cual descansa el eje transversal de la integridad radica en la transparencia; en tanto, nuestro actuar se funde en un compromiso ineludible con ella, mismo que implique facilitar a la población el acceso fácil y oportuno a información fidedigna, completa, comprensible y comparable de la labor realizada.

Como tercer pilar del eje transversal de la integridad ubico el combate a la corrupción, ya que ella, sin importar el color político-partidario de quien la comete, trae consigo la pérdida de confianza en la administración pública y la crisis de legitimidad del sistema, el desincentivo de la inversión extranjera, la interferencia en los mecanismos para la adecuada asignación y administración de recursos públicos y la acentuación de desigualdades sociales al anular las políticas gubernamentales orientadas a combatirlas.

En resumidas cuentas, el horizonte común al que le apuesto es aquel en el que existe una sólida formación y puesta en práctica de los principios propios de la ética; en el que además hemos trascendido a plenitud de una cultura de opacidad en nuestro accionar a una cultura de transparencia de cara al escrutinio público; y en el cual es impensable ejecutar actos de corrupción contrarios al interés común y general de la población.

¿Se suman a construirlo?

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