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Común denominador

Siendo este un año preelectoral, el tema de la polarización anda metido por todos lados, pero no solo por el hecho de estar próximos a elecciones.
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 El tema de la polarización es algo que nos caracteriza. Pareciera que para todo hay un concepto de dualidad. Todo es blanco o negro, Barça o Madrid, ARENA o FMLN, ricos o pobres. No estoy diciendo que la gente no debería de tener diferencias, es enriquecedor tener personas con distintos pensamientos y puntos de vista. Dicen que donde hay dos personas que piensan igual, una sale sobrando. El problema es encasillar, juzgar o tratar de enemigo al vecino porque no piensa igual. Las rivalidades y diferencias muchas veces se convierten en violencia también, ya ha muerto gente por peleas por un simple partido de fútbol.

Las diferencias políticas pueden ser tan viscerales como las del fútbol. Una manifestación pacífica, como la del “zapatazo limpio” el año pasado, fue agredida por un grupo de personas que aparentemente estaba de acuerdo con los constantes pisoteos a la Constitución por parte de la Asamblea Legislativa (y sus aumentos salariales). No critico que hayan estado en desacuerdo. Que su motivación fue pagada o no, legítima o no, no es el problema, sino el hecho de recurrir a la violencia.

Está bien que cada quien tenga su ideología, afortunadamente vivimos en un país libre donde yo puedo tener el conjunto de ideas (que es la definición de ideología, a pesar de lo que diga Tony Saca) que quiera sin ser perseguido, encarcelado o muerto. Tampoco puedo obligar a otros a pensar como yo. Ya una generación que pagó muy caro el precio por las libertades que tenemos hoy en día.

Pienso que muchas veces nos enfocamos en las diferencias de pensamiento que tenemos; si el individuo prima sobre el colectivo, si regulamos o desregulamos mercados, si privatizamos o expropiamos. Pero hay ciertas cosas, a pesar de estas y otras diferencias, que son básicas y no negociables, que tienen poco o nada que ver con las ideologías.

Un ejemplo, a pesar de las diferencias en equipos de fútbol, todos los aficionados queremos tener un arbitraje imparcial. Lo mismo aplica para la política.

A pesar que yo piense que los fondos del programa del Vaso de Leche pudieron haber sido invertidos de diferente forma en educación y usted no, ambos queremos más transparencia. Todos quisiéramos una mejor rendición de cuentas, independencia de instituciones como la Corte de Cuentas, saber dónde se fue el dinero que, según algunos medios, se perdió para la “Diego de Holguín” en la administración Saca.

Ninguno de los candidatos presidenciales está hablando sobre el fortalecimiento del Estado de Derecho o de eliminar la corrupción.

Están enfocados en eslóganes de “unidad” y “unirse al futuro” entre otros. Supongo que es normal, lo bonito se vende mejor que lo saludable, y el político es maximizador de votos, no de desempeño.

A pesar de eso, existe una demanda por estos temas, que están por encima de las diferencias ideológicas. Cualquiera de los candidatos que comenzara a hablar sobre ellos, dándoles enfoque y creando una genuina preocupación por ellas ganará el interés de muchos. A pesar de nuestras diferencias, existen puntos de encuentro desde donde podemos comenzar a construir.

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