Con Couture y las contra

“Cada estudioso tiene el deber de aportar al empeño común su particular observación. De la suma de ellas se hace la grandeza de la ciencia. En esta, tanto como la verdad importan los esfuerzos hechos para alcanzarla”. Así pensaba el doctor Eduardo Juan Couture, decano de Montevideo, maestro del Derecho Constitucional y Derecho Procesal, ampliamente reconocido en América y Europa. Sus aportes aparecen principalmente en sus estudios, recopilados en tres tomos, sus fundamentos de Derecho Procesal, y su Decálogo Mandamientos del Abogado.
Enlace copiado
Con Couture y las contra

Con Couture y las contra

Con Couture y las contra

Con Couture y las contra

Enlace copiado
Para aquellos que no conocen al insigne maestro o que le han olvidado con sus actuaciones, contrarias en el ámbito nacional, traemos a cuenta las afirmaciones de don Santiago Sentis Melendo al prolongar la edición póstuma del desaparecido mentor: “...Hemos de recordar no a un maestro desaparecido sino a un maestro que sigue entre nosotros. No solo se debe trabajar sobre la obra de Couture sino se debe seguir trabajando con Couture; esto es, con Couture no ausente, sino en permanente presencia”.

En la presentación de los mandamientos, Couture refiere: “Aspiran a decir en pocas palabras la jerarquía del Ministerio del Abogado. Ordenan y confortan; mantienen alerta la conciencia del deber... la Abogacía es, por eso, al mismo tiempo: arte, política, ética y acción... los Abogados, que aclaran los hechos ambiguos de las causas, y que por los esfuerzos de su defensa en asuntos frecuentemente públicos, levantan las causas caídas y reparan las quebrantadas, son provechosos al género humano, no menos que si en batallas y recibiendo heridas, salvasen a su patria...”.

Teniendo en cuenta la presencia del pensamiento de Couture, desde la cátedra universitaria, es posible afirmar que formamos su escuela, aquellos que seguimos su enseñanza, por su validez intemporal y aespacial. Para otros, existe el lado negativo por sus inconveniencias: particularmente politizadas.

Qué no se ha dicho contra este planteamiento: “Frente a nuestro texto constitucional, nosotros nos hemos detenido y hemos creído que escapaba a las posibilidades del legislador instituir un modo de interpretación de la Ley generalmente obligatorio”. Esto es, aparte de la interpretación auténtica, y el maestro aclara: “Hemos pensado que las formas de la Ley son un elemento necesario de la misma y que no es posible que el legislador dé permiso a un organismo, aunque sea el judicial, con su tan alta autoridad intelectual y moral, para que expida verdaderas leyes, sin las garantías que fluyen del procedimiento parlamentario instituido en la propia constitución”.

Y reafirma: “Hemos pensado que dentro de nuestro país no se trata solo de un problema de división de poderes, problema que ha venido a ser equívoco en los últimos tiempos. Es la forma misma de la Ley la que está en juego. Es el conjunto de garantías que emergen de todo el proceso parlamentario, de la discusión pública de las normas, de la responsabilidad personal de los legisladores de la publicidad periodística independiente, de los asesoramientos técnicos y consultas que preceden a la aprobación y sanción de las leyes”.

Y concluye: “Es claro que a todo esto puede contestarse (y ya lo hicieron los contras) diciendo que no siempre los parlamentos son modelo de tecnicismo y de responsabilidad y que, acaso, el Poder Judicial, con su independencia y experiencia, pueda hacer mejores leyes que el legislador. Pero ante tal consideración hemos pensado que desde que la Constitución existe, es para que sea respetada. En línea de principio, una mala Ley, con contralor parlamentario y democrático, siempre es peligro menor que una Ley introducida a espaldas del soberano”.

Tags:

  • derecho constitucional
  • constitucion
  • interpretacion
  • poder judicial

Lee también

Comentarios

Newsletter