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Con derecho a defender mi derecho

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Por Inés Martínez Coautora de “El país que viene”

Fue Prudencia Ayala, en 1930, la primera mujer en postularse a un cargo público, y no a cualquier cargo, sino como candidata a la presidencia de la república, muy criticada por sus ideales y su lucha por los derechos de las mujeres, algunos de esos ideales eran: el derecho al sufragio universal, el respeto por la libertad de cultos y el reconocimiento de los llamados “hijos ilegítimos”, época en la cual las mujeres no tenían el derecho de hacer una acusación ante los juzgados, ni prestar testimonio o participar en defensa jurídica. Cabe mencionar que, hasta esa misma época, las mujeres no tenían derecho a estudiar, pues estaban relegadas al ámbito privado, es decir, permanecer en su casa cuidando de los esposos, hijos, ancianos, etc.

Esa era considera una mujer ejemplar, el resto eran consideradas “brujas”, “locas” e “inadaptadas sociales”, y eran severamente castigadas y reprimidas.

Luego de toda esa ardua lucha, por Ayala, surgieron muchos movimientos feministas para exigir sus derechos y la reivindicación por parte del Estado salvadoreño; mismo Estado que ha firmado diversas declaraciones internacionales, en las que se ha comprometido a velar por el fiel cumplimiento de dichos acuerdos: Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, Conferencia de Pekín 1995, por mencionar dos de los más importantes.

Campaña tras campaña escuchamos discursos que prometen mejorar la situación de la mujer, tanto en el ámbito rural como urbano, pero eso se queda en un simple discurso, no trasciende a la ejecución de dichos compromisos, lo cual facilita que se continúe la violación de estos derechos que le pertenecen a cada una de las mujeres. El Estado salvadoreño, en su totalidad, no ha puesto hasta el momento el tema de mujer en la agenda política nacional, pues lo considera como algo “privado”, que le corresponde resolverlo a ella.

Las mujeres conforman más del 50 % de la población, ninguna política pública está enfocada en resolver el problema de raíz, más bien son medidas y leyes prohibitivas y de censura, más no de prevención ni eliminación de las causas.

Actualmente, en nuestro país, se han dado algunos avances de reconocimiento a algunos derechos de las mujeres, podemos observar mujeres con acceso a estudiar, mejores posibilidades para acceder a un trabajo, con acceso a postularse a cargos públicos. Pero continúan muchos retos en esta temática, entre ellos tenemos: la desfeminización de las carreras universitarias, el pago igualitario por igualdad de trabajo, capacidad de decisión en altos cargos públicos, y que no sea únicamente una “cuota” que deben cumplir los partidos políticos en sus postulaciones; el derecho de conciencia que se le debe otorgar a las mujeres sobre su vida, sobre su cuerpo, sobre su futuro.

Hasta la fecha, hay muchas mujeres que desconocen su historia, su razón de ser, y se niegan a luchar por sus ideales. Hay mucho trabajo por hacer, ¡no nos estanquemos! Tracemos un horizonte común para mejorar nuestra calidad de vida uniéndonos por el mismo objetivo: tener una vida plena en el goce de los derechos humanos, solamente así podremos obtener una sociedad avanzada y desarrollada económica y socialmente, poniendo en el centro de todo la cuestión de la mujer.

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