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Con (o sin) raíces en el pueblo

La contienda electoral para elegir presidente el próximo año inició tan temprano que, como dijo uno de los candidatos, no es una carrera, sino una maratón. Pero como los candidatos no corren solos, estamos ante un rally. El vehículo que utilizan debe estar fortalecido para una competencia tan larga y con tanta presión.
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Para tener aliento durante tantos meses, los partidos políticos que proponen candidaturas presidenciales deben estar fuertes, con sólidas raíces entre la población. Una candidatura presidencial no puede ser exclusivamente la expresión de interés de un individuo o un grupo en particular, sino la propuesta de un colectivo presentada ante todo el electorado.

Hay contendientes que ni siquiera llegan al punto de salida. En estos últimos días, por ejemplo, vimos cómo la Tendencia Revolucionaria (TR) fracasaba en su intento por convertir al Movimiento Nuevo País (MNP) en un partido político. En 2009 entrevisté al líder de ese grupo, Dagoberto Gutiérrez. Y, como quien no quiere la cosa, reconoció que la TR quería convertirse en un partido político. Era un paso controversial para esta agrupación, que desertó en 1996 del FMLN aduciendo que este instituto se había convertido en parte del sistema de partidos políticos y que ellos querían cambiar totalmente ese sistema.

Pero cuando quisieron convertirse en partido, es decir, en formar parte del sistema que juraron eliminar, no pudieron lograr los mínimos requeridos por las leyes electorales. ¿Son requisitos demasiado altos, como un mecanismo de defensa de los partidos ya inscritos para evitar competencia? No lo creo. Le pedían presentar 50,000 firmas, algo fácil de lograr si se tienen profundas raíces populares y suficiente organización.

Al cabo de tres meses, y a pesar de anunciar que recogería 80,000 firmas, solo logró reunir 34,000. Pidió una prórroga, pero el Tribunal Supremo Electoral (TSE) se lo negó. Gutiérrez es un hombre mediático. Cuando da declaraciones, a menudo polémicas, contra su expartido el FMLN –del que incluso fue diputado– logra acaparar titulares. Es parte de un panel de analistas que todos los viernes analiza la coyuntura política nacional. Pero eso no bastó para obtener las 50,000 firmas.

De este ejemplo tienen que aprender los candidatos presidenciales. No basta tener declaraciones polémicas o dar golpes mediáticos. Si no hay raíces en el pueblo, el discurso, aunque sea bonito, o “profundo”, no tiene futuro.

Las estructuras partidarias, además, deben tener vinculación con las necesidades de las personas comunes y corrientes. De nada le servirá a un partido tener presencia en todo el país, por ejemplo, si tiene que pagar a sus activistas. Un mercenario trabaja por su paga, no por un ideal.

La propuesta que los partidos hagan a los ciudadanos debe buscar resolver los problemas apremiantes de la sociedad, no un espejismo. En Honduras, cada vez que hay elecciones, sale el tema limítrofe, para hacer saltar el nacionalismo. Es tan recurrente y cíclico que el Gobierno salvadoreño no suele tomar en serio las declaraciones... a menos que sea el ministro de Defensa diciendo que está listo para tomar las armas.

Esto, en lugar de resolver un problema, crea uno, poniendo el interés de un candidato con problemas de aceptación entre electorado por encima de los intereses regionales. Y, volviendo al caso de los candidatos salvadoreños, no queremos que traigan más problemas, sino que presenten soluciones y propuestas para que nuestro país se desarrolle.

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